domingo, 2 de junio de 2013

"CASTA DE HEMBRAS" y "TODO ES CUESTIÓN DE CUIDARSE"



Casta de Hembras

Cuando cargó con la hermana y su vientre todavía chato creyó que la primera noche en Retiro sería la peor. Pero no, lo peor vino después, con el invierno, los vómitos y esos hijos de puta que no dejaban de robarles lo poco que juntaban en las esquinas entre las flores y los clavas.
Como la necesidad tiene cara de hereje, ella no cree en Dios, y porque Dios es macho. Así se lo enseñó a la hermana; de modo que aprendieron pronto sin ningún santo que las cobije, las mañas de la calle: a pedir con los ojos dulces y enormes de las vacas, a acostarse sobre sus pocas pertenencias, y que no hay hombres con códigos, que todos son la misma mierda. Como el Hugo que al principio, cuando no llegaban para el paco, les compartía unas secas a cambio de nada. Pero eso fue sólo por un tiempo.
Porque fue también el Hugo el que le puso el fierro en la mano. Es una pistola Beretta 9 mm, le explicó. Para vos, tu hermana ni la toca ¿estamos? todavía es muy pendeja. Claro, pero a la tuya bien que se la dejaste agarrar. Y ahora le gusta. Lo hago porque me gusta y encima traigo plata. Sí, hasta que te puedan preñar o te pegues la papa, pelotuda. Vos no sos mi madre.
Ella también era una pendeja cuando encontró a su viejo al costado de la madre muerta y la obligó a decirle a la cana que la habían encontrado juntos cuando volvían de la escuela. Pero yo volví y vos… Volvimos, dije. Juntos. Fueron los de la otra cuadra, vos los viste.
Después empezó todo aquello, pero de eso no quiere ni acordarse.
De lo que sí se acuerda es que al chumbo primero lo llevaba descargado, para asustar no más; pero como la gente anda con poca plata en el bolsillo y tampoco vale la pena jugársela por monedas, el Hugo le fue metiendo en la cabeza que tenían que entrar a darle a las casas. Que él se quedaría afuera de campana, que al fin y al cabo la otra ya no era tan chica y que nadie desconfiaría de dos minas, mucho menos de ella embarazada. Eso sí: Tenés que cargarlo, no hay que ser boludos. Si alguna vez estamos en el horno, va a ser a matar o morir; me entendés ¿no? Y ella lo cargó, pero no por lo que le había dicho el Hugo.

La cosa daba, venía fácil. Entonces, ¿por qué ahora se la están viendo tan fiera? Por qué la hermana la sacude del brazo. Largalo, grita, ¿Qué te pasa? Ella no contesta. No para de golpear y de escupir al anciano que, de rodillas alza las manos y se agarra a los costados de su cadera. Pará viejo ¿qué carajo hacés?
Por piedad, ya te di todo… Tengo dos hijas. Ella lo mira con asco. ¿Vos también te las cojés? El viejo está aferrado a su jogging y cuando trata de empujarlo hacia atrás, casi se lo arranca. ¿Qué te pasa Nena? grita la hermana ¿Qué mierda está pasando?
Por favor, suplica el anciano. Por favor papá, suplica ella. ¡Cortala Nena! Dejate de joder, rajemos. Pero ella no puede moverse. La tiene otra vez parada sobre el inodoro, ya le sacó la camiseta. No, papá, no… Porque es al viejo, a su viejo, a quien ve arrodillado con la cara sudorosa entre sus piernas.  Al viejo de mierda, que con una mano le desliza el pantalón del jogging desteñido hacia abajo y con la otra le acaricia la carita mojada. Ella no entendía entonces, pero aquella tarde entendió. Por eso cuando vuelve a sentir esa lengua áspera contra su pubis aun sin vello, gime: Por favor papá, basta…  La hermana grita que lo suelte. ¡Soltalo Nena! El viejo sólo quiere que lo sueltes. Yo quiero que lo sueltes. ¡Ahora!
Pero ahora ella ve la sangre en su pantalón. El anciano está llorando. Ella no. Como aprendió a dejar de hacerlo cuando el vello le creció y él dejo de besarla. Puta, tenés sangre ¡puta! Cuando por primera vez la dio vuelta, el brazo retorcido hacia atrás mientras la tironeaba del pelo para empujarla contra el catre. Siente el mismo tufo, siente esa baba, el ardor cuando le arranca la bombacha, su cara contra el colchón, el peso que no la deja respirar… ese dolor.
¡Puta! Ella se resiste. Ya no resiste. Traé a tu hermana, carajo, la abofetea, que la traigás te digo.
Ella quedó a un costado de la cama, deshecha; fue cuando escuchó los gritos, cuando no pudo hacer nada o sí pudo, poco antes de llorar juntitas, abrazadas, mientras se limpiaban la sangre entre las piernas. Entonces supo que tenían que irse de la casilla. Que a su hermana no iba a volver a tocarla. Y se fueron. Esa noche en Retiro una monjita le puso el primer pan sobre la palma sucia. Agarralo, es tuyo, le dijo, y ella lo apretó fuerte, como ahora al chumbo.
Al mes siguiente no hubo sangre, tampoco al otro, ni el que vino después. Que no sea nena, por favor que no sea nena. No puede soportar que tenga que sufrir así, como ella, como su madre, como su hermana. Que no sea nena… Te digo que no, de una que es machito, vaticinaban las amigas. Esto no falla: si el anillo gira para de la derecha, es varón; y mirá, gira como loco… ¡Basta! Tampoco voy a parir otro animal. Quiero sacármelo. Por eso cargó la Beretta, por eso está entrando a las casas; después del sexto mes es más difícil.
Ahora patea al viejo con furia, con la misma con la que trataba de sacarse al suyo de encima; entonces no podía, ahora sí. ¡Viejo de mierda, largame, mal parido!

Entonces las sirenas, el viejo que se le abalanza, el culatazo en pleno rostro, dos disparos… Y las puteadas del Hugo afuera, que se raja mientras ella cae sobre las piso de baldosas y se asfixia con el peso del otro sobre su cuerpo; y la necesidad urgente de sacárselo de encima, de pujar… Ella que no aguanta, que se ovilla entre la sangre, que desgarra la placenta, que quiere creer que Dios existe: Que no sea una nena, Dios, que no sea nena…
Su mueca entre estertores se parece mucho a una sonrisa. 




Todo Es Cuestión De Cuidarse


Cuidado con esos muertos que vos matáis,
pueden gozar de muy buen salud
Padre Alejandro

Con las lolas recién hechas y catorce kilos menos acudí a la cita. Está usted espléndida −me dijo el Dr. Filkenstein− pero tiene que empezar a darse algunos permisos. Hay muchas maneras de endulzar la vida, no sólo con aspartamo. ¿Por qué no se da una vueltita por Youtube, investiga los daños que le puede causar y analiza otras alternativas?

Y sí, ahí estaba la causa de todos mis síntomas: El apartamos produce cáncer, apatía sexual, dolores de pecho, insomnio, depresión, contracturas musculares, trastornos digestivos, herpes, jaquecas, hasta ¡puede llegar a causar muerte súbita! El Doc tenía razón, así que de inmediato lo agregué a mi lista de los “Ya no” y a la semana volví al consultorio.

−¿Y? ¿Cómo se siente? ¿Mejor?
−Sí. Todo está claro ahora. Ya no más aspartamo ni ningún tipo de endulzante artificial.
  Nada de yogures light ni chiclets sin azúcar. Pero tampoco azúcar.
  Ya no galletitas oreo ni merengadas ni pan con manteca.
  Ya no Mac Donald. Ya no salchichas. Ya no panceta ahumada.
  Ya no más chocolates, bocaditos Cabsha ni alfajores de dulce de leche.
  Ya no asado con grasa los domingos. Mucho menos chorizos o pechito de cerdo.
  Ya no fiambres ni papas fritas. Nada de salamín picado grueso.
  Ya no más maní con la cerveza.
−Muy bien, muy bien… ¿Y los permisos?
−Míreme usted. Me siento bárbaro. Medito, corro, bailo todos los días… 
   Ya no fumo. Ya no bebo. Ya no me drogo. 
   Ya no estoy enamorada de ese hombre.
  
   Ya no me creo.
 

POEMAS NO TAN VIEJOS 1



EL RING DE ESTE EMPEÑO CORROE FOTOGRAFÍAS

el aire no tenía lluvia
 dentro de tu boca
Luis Escobar

No será tu nombre
                              a mansalva
lo que me empuje a la pleamar
En mí estará siempre el dictado de la piedra
    
Ya no diré labios
                 no diré ojos
ni siquiera el borde de un como antes
apenas la derrota de un dios niño
acurrucado en su tristeza

No intento evadirme
tu nombre no “me sabe a hierba”
a pena sí
               y de la mucha
       
Sé que amábamos la lluvia
    que besamos faros irrepetibles
y no había en el rugir de la tormenta
golpe ni lenguaje a medias

Pero hoy los pasos pesan y de barro
se ha vuelto cuanto toco
           Se me encharca la saliva

Escribo “te extraño”
              y no es cierto
quiero recordar cómo se extraña

Tengo a la muerte agazapada detrás de los ojos
entre tus piernas tardías
         la meseta insuperable
y el esperma arrojado contra pared del tedio
Un portazo en la garganta
              que no se atreve a ser grito

Ahora
          esta la asfixia de espineles
puede más que nuestros cuerpos

Se estira la mudez
se estira el cansancio
              entre dos botellas a medio vaciar
como siempre
                        a deshora

Es que a vos el arrojo no te cabe
por eso mis manos se alargan
alguien reza un verso anciano
                     y revuelve los tachos de basura
¿Acaso queda algo de nosotros?
Las calles están vacías

Como una marioneta
busco hilos que cuelguen mi mareo de una soga
Ya no quiero respirar

Llueve todavía
            pero mi voz está sucia

Afuera la calle se calza los tacos
y sale a envejecer    

miércoles, 14 de septiembre de 2011

SEGUNDA EDICIÓN DE: Invierta un Hijo

Antes de fin de mes Editorial Martín publicará la segunda Edición de mi libro: Les adelanto un fragmento

INVIERTA UN HIJO



Un ángel llora con un niño muerto entre los brazos

Sobre un pesebre de humo seca angustia

Garganta de Dios

Día de gritos mudos

en la campana hermética de corazones yertos

Los vientos entrelazan almas en rondas

suben

bajan

flotan alas

No hay victoriosos ni vencidos

Infierno

Cielo

Una misma cruz germinada en el Hongo del Dolor





Se han perdido los rumbos en vahídos

y un idiota

besa

vientre al suelo

los pétalos intactos de su sangre



Se confunden los olores

el sudor que aventuró heroísmo en las alturas de la noche

lágrimas como lentes aguzando los ojos

Y es certera la metralla

porque la eternidad se elevó en niños

de lodo y disparos



Yo no creo en fantasmas

pero disparo al centro

del alma

(por si acaso)



Sé que morirás

como se resiste a morir esta guerra

con una granada entre los dientes

recordando el campo de tu padre

como un equilibrista a la borda de las Parcas

ante enloquecidos ojos

en el océano de las tumbas



Y vas cayendo

muerte

a

muerte

cada noche en que una sombra de enigma

se abre entre las grietas de la selva

—¡Disparen! —fue la voz del sargento

Ya no hay duda cuando el miedo nos aprieta la garganta

...Un quejido leve

como el llanto de un niño que espera el pecho de su madre

—¡Son niños! ¡Diablos! ¡Eran niños!

Y corrimos



Los dejaba caer el ángel ojos pájaro

Y nuestros cuerpos

a través de todas las madres

hundieron palmo a puño en las heridas

Entonces

toda la música del universo

es un grito ahogado a los abismos No hace falta llorar



Estás solo

El hambre se desmembra frente a los escombros

abre sus vísceras como fauces gigantescas

devora hombres

El prejuicio es un sabor inexistente

cuando las costillas arden como sables en la espalda

Comimos esa noche

y se hincharon los estómagos

con los aullidos bailando desde adentro



Escapa la luna a su tibieza

se refracta en pómulos brillantes de betún y hueso

Suspira la noche en su mudez

Los latidos son pesadas botas de escuadrón

resbalando por el cuerpo



Más sordo que un timbal abigarrado de melancolía

tan ciego

como el bastón con el que guían sus miedos enredados

En cada jirón del uniforme

la maleza del hombre

y sus pedazos





No conocen el rostro del verdugo

pero existe un hacedor de verdugos

bajo el antifaz de la bandera

de ahí la lucha:

Ver entre las franjas del emblema su cárcel

y la otra

la de ellos

en victoria



Hoy lloramos



Soy yo

y

seré yo

bandera a colores entre rejas de horror

iEs buen negocio el negocio de la muerte!

Miles de ataúdes cubrir de gloria

Manto ultraje

Millones los billetes

Infinita

la mezquindad

Nos sentimos invierno

amparando nuestros huesos para la emboscada final

La escuadra herida de muerte

ante nosotros

Entre las filas

abre boquetes la distancia

Cada uno reliquia el medallón de un compañero

El que estalló en el refugio

El que emprendió la avanzada

El que alzó nuestro cansancio

Pesan sus cadenas al bolsillo

como espectros que profetizan en el miedo su miedo

Ese miedo que nos torna más sagaces



Una línea de fuego despeina los anhelos

—Algún error —gemía el novato con el esternón alzado en lápida

¡Debe haber algún error!

Borra el caos ese instante de infantil lucidez

Alucinación presentida

Conciencia inútil de buscar a cada paso

nuestro nombre

entre los otros sin pasos



Horror



iAún quedan espacios vacíos más allá del universo!

donde las estrellas se nos antojan siniestras

donde la ausencia de la luna es el mejor de los regazos



Nada más será

Sólo humedad de tierra

y un beso de sangre que destemple los cuchillos



jCubran con un manto la fosforescencia de los huesos!

Hay lujuria en el rictus de las calaveras que desfilan sin tráquea

Y como una cachetada

el sarcástico pincel de una mariposa

Un fracaso de gusto áspero

como cientos de lenguas

reptando solas

por las grietas de la tierra



Cintillos sin dueño recorren las falanges

Acá

en esta hoguera miserable de sulfuros

fardos negros de plástico amontonan húmeros

rótulas

clavículas

rompecabezas del Dante

—jY aún faltan piezas! —llora un niño

Escápulas

fémures

la foto de sus padres

Y reza el reglamento:

No embolsar caliente

—Es un dogma culinario —sentenció la mujer del general

No embolsar caliente

mientras las trincheras aún estén tibias por el latir de la sangre mientras el llanto sale las botas del amigo

mientras aún se huela el sudor cubriéndonos la espalda



Me asfixia esta guerra etiquetada de incoherencia

Infiltradas de perfume las hembras generales

De las rocas florece un arcoiris



Hoy al arribo siete rostros afeitados

novatos imbéciles de uniformes impecables

seducidos voluntarios para el frente

Frente ingenua

Y yo estoy al pie

mirándolos

lamiendo profético

sus heridas

arropando terrores

cansado de este nido de serpientes

del derrumbe astral de cada bomba

del aullido agonizante que transforma en caos

los susurros expirados

Quiero ver a la vida ahuyentarse de la muerte

No más envíos

La portezuela del avión se me antoja una llaga que sangra verde oliva

Y seguir

Seguir el vuelo de metrallas con los brazos anidando las cabezas Seguir el rumbo de aguas rojas y cuerpos entroncados

Seguir el miedo

Seguir el himno que pesa herrumbre en nuestros pasos

y ya no continuar



El delirio de una brizna con curvas de mujer trepa las sienes Municiones como senos al pecho la tersura del acero

La sangre

semen

escapando agotadas nuestras fuerzas

De palpar los huesos beso y rojo

Manos desvariadas

Azota una granada el ángel

Siento que algún error

descuelga el infinito

Es más allá del canto de la piedra

donde es blanca cuna el estómago de un muerto

anónimo el caos

ajeno

el pastar de las ovejas

Dolor de ser uno y sin porqué

en una nueva plantación de tinta sobre la foja de las bajas

Luto encabritado

Tronar cañones y silencio de emboscadas

Hay un precepto solitario en un puño que se cierra

porque ayer lo vi

ese rostro que viste de enemigo no es un rostro

ayer lo vi

casi humano

casi niño

desmesuradamente solo

enfermo

aterrado

soñando bastones de azúcar

(como yo)

como yo

bárbaro

asesino

bestial que corre

lanzado sin piedad a un mismo abrazo de fuego

que nos mate y nos acune

Sobrevivo más allá de los acordes bajos de una acústica vacía Sobrevivimos ellos y nosotros

mientras nos horadan los tímpanos los aullidos de la peste



Mortal arrebato arrebatando mortales

Una sinfonía somnolenta en el pentagrama del poniente

Blancas calaveras de silencio

jMaldigan al hombre!



Soy un gorjeo que agoniza en la marcha de los pájaros



Se agujan los cadáveres en el tapiz de la muerte

Penetra el humus la sangre

Allí

donde el pájaro enhebraba semillas

en los antes jardines

los antes huertos

los antes cielos

hay un reloj destrozado con los brazos apuntando al infinito

ese espacio esposado hermano de lo eterno

profano y paradójico

como los misiles

las gotas de lluvia

las plegarias



Se fuga el trozo de hierba en medio de un corazón ensangrentado



Miro a lo lejos

tan cerca abrirse

las mandíbulas desencajadas de la sonrisa de Mefisto

y otro ojo

abierto

redondo

y brillantemente inútil

rodar por la ladera

Soy la profecía viviente de una cruz sin nombre

La boca en trino de un pájaro de lodo

Como un bostezo hastiado de tanto esperar la muerte

daré la vida sin un porqué a las fauces de la tierra



Pronto

las palas cubrirán de polvo el polvo de los huesos



¿Quién burlará una lágrima en los ojos del juego?

Ayer un compañero desertó en la lucha

no a la guerra de mentiras y verdades

de laberintos y emboscadas

de colinas tomadas y bases destru1das

no a la guerra de dioses y banderas

de tropas y aeroplanos

de tierras de nadie y tierras del error



Era su guerra de rocíos tempranos y sudores nocturnos

de cantos de cigarra y oídos sordos

de llanto de niños



Él cubrió con el vientre una granada

los brazos extendidos en santa inmolación

—Debo cuidar la simiente —arrullaba abierta su garganta

al nido de las vísceras

—Regar las semillas —lloraba con el llanto

Y alumbrando una explosión

la espalda en un hueco de corolas

vistió de sangre los ocasos

Ayer un compañero escapó a las nubes

Yo no puedo irme de la muerte

De la mano me lleva moribundo

y me voy

en ella

hacia adentro

cargando restos de sal por el llanto de las olas

resplandeciendo en la última bengala que un grito lanzó al cielo

abrigando miembros helados en esa zambullida

más allá de los abismos

Y los navíos fueron

Me pierdo en mí mismo

en ese laberinto de congojas donde extravié la ajena

en el desafinado acorde de los gemidos de la derrota

en el silencio de los pasos sin dueño

en este rompecabezas

que no quiero componer con mi parte de pésame



¿Correr?

¿Hacia dónde?

Los féretros se apilan como torre de cubos en manos de malabarista

Es tanto el llanto como los corazones púrpura en camas de hospital

como la fiebre y el terror

como las confesiones de haber asesinado

en los oídos del presbítero

(Hay extrema unción en los extremos de su mano)

Huir

Abrir las alas

El fin de la guerra nos dejará cachorros

huérfanos en este nido con olor a cuartel y sudor de batalla

con sabor a miedos y betún resbalando por las sienes

con dolor de llagas nuevas

y viejas caras esfumando la memoria

Pero amamos ese olor sabor dolor

lo reconocemos

a ciegas

como un niño recién parido al pecho de su madre

La guerra nos alimenta con su calostro

y nos inmuniza





A mi costado la humedad de la tierra tiembla



hay mil ojos en los ojos de la noche

en los ojos de la jungla

en los ojos del aire

Y ya no hay ojos



Un arco de horizonte se ha tragado los gritos

y truena

en rodada estampida

el frío rodar por las muñecas



Metrallan los dientes el beso de metrallas

el aire está cargado de siluetas

los espectros acarician con viento los cabellos



A mi costado la humedad de la tierra tiembla

y el sol enceguece espejismos de mujer



Es el alba

con un sol creciente que hará renacer el hedor de la carne

Pateo la furia de la fruta en el despunte

Ahora

que su madurez me recuerda el sexo de las moscas

iquitame

oh Dios apócrifo

esta hambruna de cuerpos calcinados por el mediodía!

La angustia pende boca abajo en el pendular del campanario

Cada vez más cerca de nuestras soledades alas cartilaginosas como un delta de lava

florecen en ramilletes de terror

De nuestras manos crispadas

escapan de las sienes

como escapaba al sol nuestro secreto de cuerpos desnudos

bajo el pudor de la paja

como el llanto en luto de la boca del hombre

como el gorjeo de una alondra ante la muerte de una estrella



La angustia pende boca abajo sus alas

hasta rozarnos



Por eso grita



Grita hasta que no haya oídos sin voltear a tus espaldas

Grita hasta el cielo y grita hasta las grietas

Grita insultos lágrimas sangre

nombres de nadie nombres poderosos

en nombre del pecado y en nombre de la guerra

en nombre del mar que muere

en nombre del hombre que ríe

por el nombre de Dios

por nombre diablo

al nombre del llanto y de la cruz sin nombre



Grita



Grita hasta detener la rotación del universo





Más allá de la noche del alma

La tierra aprisiona soldados bajo lápidas en línea

En el horizonte germinan dagas con empuñaduras en cruz

Y caerá la última bomba como lágrima de Dios

para vomitar del suelo a sus espectros

(Las mujeres se persignan)



Yo tengo una esquirla en la memoria

y alucino a mi madre pariendo

pariendo

pariendo

Genocidio de mi sangre en el vino espeso de la hiel

pariendo

hasta emborracharme de amargura

pariendo

una y otra vez

fetos con rostro de enemigo

Hoy vi un anciano de ojos grises buscando a tientas el lugar de su ciudad

Nada sabe de guerras que cambian geografías

Nada sabe

(y bendice su ceguera)

Sólo trastos y abismos a sus pies



Una grieta desploma el desayuno hacia la úlcera ardiente del centro de la Tierra

quemando vivos los bostezos matinales

Desnudas las bocas de leche tibia

blasfeman sed tapiadas de escombros

y no conciben el olor a boca de mujer vomitando inmundicias

a ríos plenos de pájaros en llamas



Busco en la memoria algún atisbo que dibuje en su luto la masacre ese tapiz bordado de huesos en labios sin voz

Arena y miel la boca que se infecta con los gritos huecos de un páramo silente

¿Acaso la fiebre aterrada de la primera desnudez?

Intersticios de almas cuelan las costillas arrasadas

como un cráter enorme abandonado por la tierra

Sarcástica ternura

Beso de fuego

Pero hay otra boca

helada de llamas que funde el iris del sol



La nombro muerte



He enterrado esta desesperación incesante de volver sin mí

harto de gorriones anidando calaveras

de este crimen de paz herido el seno

sin vida

de este banquete de cuervos hastiados de carroña

perdido entre los gritos de esta guerra

La voracidad del hombre traga niños con balas en el pecho

y sólo he enterrado esta desesperación incesante de volver sin mí



Son punzantes los ojos alumbrando hiel tras las hogueras

Las entrañas de una aldea vomitan coágulos de horror

vomitan medallas los pechos generales

vomita un enjambre de tumbas la tierra

vomito

yo



Un sudario de sangre jala las máscaras de esta comedia absurda

Con inocencia de aleteos febriles copula una libélula

Gritan que tienen alas las escápulas de un muerto

El morir es siempre virgen

Frágil doncella vejada del horror

No sé por qué seguir la huella

La guerra hace hombres así

con el gesto ridículo y humano de hacerle una tumba al enemigo

Hay algo de inmoral en este infierno

vestigios de lujuria amurallados en la crueldad

"Hazme gozar Señor de la impúdica desnudez de un cuerpo

sin sangre"

Y encascados

los niños aprendieron a gozarlo



Gesta cadáveres el ombligo del monte

cuando el escabro es una cintura leve que duerme en el bolsillo

Pero yo seré en los labios de tu sexo el anticipo de la muerte

Como cuchillas los labios parirán maldiciones

llamará a exilios demenciales la nostalgia

al primer capullo en los manzanos

al ternero que chupa de las tetas de su madre



De cartón son los puntales de la blasfemia

¿Debo recordar que estoy hablando de la guerra que un circo macabro tiende su carpa de humo que las naciones aplauden

que el hongo crece cobijando espectros

que estúpida flamea la victoria?



Tal vez alguno evoque la alegoría de un rasguño



Debo recordar que estoy hablando de la guerra



Soy mi resto desnudo de mí

un espectro que vaga en ripio de falanges

como manos náufragas abrasadas por la sed

La acequia emerge infecta de serpientes

jactándose de sus llagas

llorando lágrimas de orín hacia el abismo



Yo sólo puedo cruzar crespones como látigos

Y soy harto falaz en esta mímica



De mi cuello cuelga un proyectil

la bala con que maté mi primer hombre

cuando corrí a cazarlo

hundiendo

árticas mis manos

en sus vísceras calientes

Como un tatuaje rígido llevo esos ojos estaqueados en el alma



Un proyectil cuelga de mi cuello

Horca ineficaz

Los ojos siguen quemando al sol que quema

El aire ha mutado en un bostezo

Me encuentro en el oráculo de una efigie tramada en luto

Un tanque ha comenzado a roer la fronda

como a un jardín

las motas de sangre la fornican

Bajo los párpados la memoria destrenza sus aguas

y lenguas de dulzura anidan mis nudos

Terror de estar

vivo y huésped

en cadalso de este lazo con alma de mujer

Hoy el cuervo acelera los retornos



Soy gemelo a mí mismo en otra muerte

un salto al infinito vacío de Sus ojos



La guerra zurce prolija nuestras llagas

ante un sol verdugo afiebrado de sentencias

Sólo la noche

hembra madre del destierro

nos devuelve al seno del cansancio

Estoy desfigurado de mi ser

trizado idólatra en cuchillas de sangre

Fangosa mi alma los codos las rodillas

En llanto carcomida

mi niñez



—Y será entonces rechinar de dientes –repetía mi madre apocalíptica— Será entonces

Sin saber que hoy

(Nada más)



Yo

espejo en los ojos de aquellas madres que recibían a sus muertos

vi bajar en guirnaldas de los trenes cuerpos enhebrados

Bajé



Era setiembre en casa de mi padre

Ya no asustaba a las vecinas que en los ataúdes sembraran crisantemos

y subí al holocausto como un animal sediento a su propio abrevadero

Era setiembre en casa de mi padre

Las mujeres cargaron sus semillas

Enmarañado

el cabello de una mujer acaricia la maleza

con los ojos abiertos en un abanico estático hacia el horizonte

sus palmas hundidas feroces en el cuerpo de un niño

completamente desnuda de piel y llanto

Del delirio

belleza en fuga

Ciega de Dios

con una mueca en beso cayendo de los labios



La guerra es un aletear tristísimo de lluvias



Recuerden

yo he enterrado esa desesperación incesante de volver sin mí

Es la noche petrificada de la acecho

la burla del incesto con los hijos de la patria

debo seguir

trotando trampas de trincheras

Seguir hacia la nada

lamiendo miedo

y seguir

seguir

Seguir de ojos

de labios

de terrores

Seguir de angustias

de entierros

de aporías

Pero ya no continuar



Yo sabía del aroma de azahar en los naranjos

espinas y eternidad

Estoy en cópula con las llaves del infierno

Mirame

Ya he muerto

estoy abrevando de mi propia sangre entre la hierba

y he visto el rostro de Dios llorando sangre

Dame Señor un poco de tus náuseas

un poco de tu llanto

o tu vergüenza

porque ya no adolezco

Estoy seco de horror

Los astros saben de mi burla hacia lo eterno

Soy un pájaro lleno de silencios

perdido clarividente en noche de mil años

con la lengua blasfemando vértigos

El tiempo cauteriza el hedor de la carne

Cabellera poblada de hostias el vuelo de las aves

Ardiendo

los ángeles han huido



Pero no temas

No es morir presentir la muerte

Horca destronada

Vértigo y migración de ojos

Humíllala con el rocío de tu frente



Huiré por fin de ser esquivo

de la maleza acerada del espanto

Se desmembran los hombres al otro lado de las playas

Mortajas errantes

hastiadas hostias

eco torrente confinado al dolor solo



Hay una bestia en mí

insaciable de coágulos y exilios

una urgencia agazapada

Una cópula aburrida con los signos

Esta trinchera no parirá mi redención

Ajeno de inocencia he tatuado fetos en vientres de mujer

Encumbrada violación que anchas manos rasguñan insensatas



No existe bálsamo donde dar fuga a los despojos

Confines herrumbrados del pánico

Telón de escupitajos hacia el rostro de Dios

En la boca del lirio

es irrepetible

cada respirar

La tierra

mestiza sobreviviente entre botas y sangre

maga descalza en arrebatos de rocío

sostiene un soliloquio eterno con la ignominia de la cruz



y yo

Hermana Tierra

un sitiar desesperado a las lindes de mi cuerpo primitivo



El ángel lloraba su amargura serena

No sé si pueda recordar



¿Acaso soy yo

ese que camina cubierto de gloria y láudano

mezquino lujurioso de emboscadas?



Lamo el sabor inútil de los manzanos de la niñez

los cuentos al pecho de mi padre que olía a quietud

Y duele ausencias

destemplo ausencias

muy cerca de estos abortos infiltrados de medallas

Si terminara esta guerra adónde ir huérfano de lucha?

Parda profecía revienta

Estalla en secretos laberintos el pájaro de lodo

En las gargantas la furia palpitante de un corazón de hierro

Y hoy

que me arden los párpados en los ojos de Juan

en los míos

en los de todos los soldados muertos

me emborracho del llanto de los vivos

donde una redecilla se sueña

se eleva con aroma a azahar

y un jugo verde

pastoso

cuela las grietas

horada tumbas

cala mi asco

el asco de las damas de caridad que toman el té

y se instala ahí

justo delante y un poco más abajo de la inserción de la lengua

El asco decía

y los azahares

No sé cómo poemar azahar y muerte

Punzo mi grito como la cigarra su canto atrincherado

—¿Te acordás mamá?

El esqueleto me llevaba en brazos

riendo suelta su suelta mandíbula.

enorme riendo

devoradora

(y yo despertaba en llanto dentro de su boca)



La memoria puede expandir los tiempos hasta deformarlos

No sé por qué he venido

Ni siquiera soy poeta



El oficio de testigo siempre me produjo horror

Por eso sumo mi música al gemir de las esquirlas en el vientre Avanzo desnudo

con el odio como herramienta

con la visión de la muerte como coraza

(Eso dijeron)

¡Si yo sólo siento piedad!

¿Desnudo?



Tengo el abrigo de mi escuadra

De su presencia me embriago

El recuerdo sabe a vino caliente

mano caricia

a esa madre que arropa las hilachas

que aún conservamos de niñez

En un fogón que agoniza brasas traemos historias

Hay ojos pardos y sonrisas blancas

Hay llantos de niño y caricaturas del espanto

Hay puños cerrados y bocas

¡tan abiertas!



Estoy desposado con la guerra

¡Con esta guerra!

Por eso la comprendo

y permanezco en mi amada como en un capullo de aguas en sueño



Ella me ha preñado de infinito



Tal vez deba callar







MARCELA PREDIERI

viernes, 2 de abril de 2010

CUENTOS

LA CASA DE PIEDRA*

Está bien, si no con un sándwich a la salida es lo mismo. Pero creamé, es una fija. Yo sé por qué se lo digo. Mire, le sigo contando: yo nací en Mar del Plata, vivíamos justo acá enfrente, en la manzana 115. Sí, la que demolieron. ¿Ve? Por donde está pasando el 523. Mi padre era abogado de Casinos, así que le quedaba bárbaro. Teníamos familia en Buenos Aires, mi abuela y dos tías, y en enero, aprovechando el mes de feria, íbamos siempre para allá con tío Ezequiel. Él también vivía acá, en la loma de Colón, pero tenía una farmacia por la calle Luro, frente a la estación de trenes. Tío Ezequiel era una máquina: trabajaba de día y de noche. De día, frente al mostrador; de noche era adicto a otro tipo de mesas. ¿Que qué mesas? Todas: las de dinero, las de pocker, de Black Jack, Punto y Banca, los tableros y las barras. Era curador mi tío, sanador de dolores de cabeza, especialista en constipados y cistitis de señoras. Farmacéutico, bah, aunque sin diploma. No se preocupe, yo tengo el remedio para todo mal, decía. Pero era más que un doctor, pensaba yo en esa época. Gracias. Que la fortuna le devuelva más. Si no con un sándwich es lo mismo.
Mucho después me di cuenta de que hablaba de otros males: esguinces de la fortuna, mal de amor, maridos celosos, sueños inalcanzables, desconsuelo crónico. Para todos tenía su medicina, la que los mantenía vivos y expectantes por lo menos hasta la semana siguiente. Que una fija para la carrera del sábado, que un numerito para la quiniela, que un hágame caso: primera bola al diecisiete. Sale o sale. Yo vuelvo el domingo, si no puede dígame cuánto y le hago la gauchada. ¿O para qué son los amigos?
Mucha gente venía a ver a Don Ezequiel. Don era un título entonces, no cualquiera… Y yo los veía abrazarlo, darle la mano con un ¡gustazo! ¡Si no fuera por Usted!... o hundírsele en el hombro, agarrarse la cabeza… Y mi tío, siempre tan amable, campechano como pocos, los acompañaba hasta la puerta. No se desanime, vuelva la semana próxima. Ya va a ver… Gracias. Que Dios se lo pague.
Tío Ezequiel era un maestro. Sí. Un maestro en jugarse la vida, el sueldo, el reloj y la campera en la primera bola. Pero eso lo entendí muchos años más tarde cuando mi padre murió en un accidente en la vieja Ruta 2. Era doble mano en aquel tiempo, demasiado angosta para el recambio del primero de febrero. A nosotros la Virgen nos puso la mano encima, como decía mi madre. Pobre, mi vieja que nunca había trabajado, tuvo que empezar obligada, pero no quiso ir de dependiente a la farmacia; ella no iba a vivir a costillas de un cuñado; así que el tío la colocó en la inmobiliaria de un amigo en Buenos Aires. Y nos fuimos para allá, un poco apretados, eso sí; hubo que acostumbrarse a la escuela pública y a los viajes en colectivo. ¿Las vacaciones? Si no hubiera sido por el tío Ezequiel, apenas un recuerdo de la infancia. Pero él empezó a traerme a Mar del Plata cada vez que podía. En tren, eso sí, jamás en auto o en micro; condición inamovible de mi madre. Yo tenía que guardar faltas, ni una rata a la escuela, creamé, porque él llegaba allá los viernes pero recién veníamos para Mar del Plata los domingos. Todavía me acuerdo…El tío siempre de traje, el pelo negrísimo y engominado; todo un caballero. Durante el trayecto me compraba una gaseosa o dos; los sándwiches que me preparaba la vieja los dejábamos para cuando llegásemos porque nadie come en pullman. La vuelta siempre era una sorpresa. Algunas veces en El Marplatense, con cena en el comedor y una botellita de buen tinto para él; otras veces de a tres, sentados derechitos en los asientos marrones de la clase turista. A mí no me molestaba porque aunque no tuviéramos ni para un sándwich de salame, nunca faltaba quien te pasara un mate con un ¿gusta, Don? Y ofrézcale al joven, por favor… Gracias. Que Dios le de el doble.
Cuando cumplí los quince me trajo a debutar acá, fue en la casita de la Plaza Mitre. ¿No la conoce? A partir de ese día, en la mesa grande de los domingos en la casa de los abuelos, empecé a sentarme a su lado, nunca más con los primos menores. Tengo para él un gran futuro, solía decir mientras me palmeaba el hombro. Todo calculado ¿no?, se reía alguna de las tías. Y no falla ¿no? agregaba otra. Mi madre saltaba como una fiera con un: Al chico más te vale que lo dejes tranquilo. Tío Ezequiel me hacía un guiño. Son mujeres… Cómo me hacía reír. ¡Yo me sentía tan hombre! Gracias. Que tenga suerte.
Tres años más tuve que esperar para que me trajera a trabajar con él a la Casa de Piedra. Me compró un traje gris y una corbata de seda con un ancla. No me dejó traer mis ahorros. Pero a la salida te toca pagar la cena en la Taberna Baska, me dijo. Es tu primera visita; no falla, ya vas a ver. Y no falló. Negro el 17 en la primera bola segunda mesa a la derecha. Las apuestas no se levantan, indicó. Y no lo hice. Negro el 17… Después fueron el 11, otros tres negros y en seguida pasar a la tercera docena y los ladrillos. El sonido de las fichas me hervía en los oídos y en la cara. Así se hace, sobrino, así se hace… Fueron buenos años. Él me enseñó todos los secretos. Y yo era buen aprendiz. Que tenga fortuna, amigo. Gracias.
Al cumplir los veintiuno, mi madre se casó de nuevo. Un tipo insoportable. Yo armé el bolso, largué Bioquímica y me volví para Mar del Plata. El tío me llevó a trabajar a la farmacia. Ahí, claro, tenía que llamarlo Jefe. Que Dios se lo pague.
Para esa época alternábamos las venidas al Casino con tardes soleadas en el Hipódromo de Palermo. Y fue ahí mismo, con cincuenta y dos años cumplidos, que conoció a una mujer. Mala yegua. Mala yegua ella y su maldita obsesión feminista de de desechar cuanto caballo ganador se cantara como fija. Sólo potrancas. Y perdedoras además. Ezequiel estaba loco por ella. Sí, perdido es la palabra, porque fue perdiendo todo: nuestras noches de ruleta, el sueño, el depto, la dignidad, el rolex y la salud. Y a mí también, o casi, porque una noche no pude evitar cantarle la justa y nos fuimos a las manos. No me quedó otra que mudarme y me mudé. Me fui con la vieja otra vez a Buenos Aires. Gracias. Que tenga suerte.
Era mala hembra y no me iba a quedar para verlo mancarse frente a ella. Pero sí lo vi. Primero de a poco, cada vez más flaco, cada vez más amarillos sus dientes de tabaco o de caballo, ya era lo mismo. Y por fin, de un golpe a pleno sol de setiembre, frente a ella que gritaba como loca poco antes de terminar la cuarta carrera de la Polla de Potrillos. La ambulancia no tardó en llegar pero el corazón le había corcoveado fiero. La mina ni apareció por el entierro, si me permite llamarlo así. El tío había dejado testamento y una carta con su última voluntad: quería ser cremado y que arrojaran sus cenizas en la pista antes de la primera largada de sábado. Ese sábado era el Gran Premio Polla de Potrancas. Puras yeguas, me dije, y de la muy yegua, nada. Que la fortuna le de el doble…
Las burritas se ubicaban ya en los Boxes de Exhibición, recorrían la Redonda para que pudiéramos apreciar su estado físico y realizaban el clásico paseo por la Pista. En ese momento esparcí lo que quedaba de Tío Ezequiel. ¿Será para que te acuerdes de cómo te puede pisotear una pollera? me insinuó un viejo colega. Se me hizo un nudo en la garganta. Y… habrá que creer en los mensajes del otro mundo, le dije con resignación. Siempre me acuerdo que el tío contaba cómo, cuando tenía siete años se le había aparecido en sueños un hermanito muerto de tuberculosis para cantarle el número entero del Gordo de Navidad. Él había corrido a decírselo a su madre pero como no tenían un mango para comprar el billete, con lágrimas en los ojos lo mandó a él mismo con una notita y las monedas hasta lo del almacenero de la esquina que levantaba quiniela. Con 47 terminaba. El número salió cantado. Esa noche compraron sidra y al día siguiente fueron todos al cementerio con las calas más grandes que se vieron jamás. Yo, en realidad, no creía que fuera cierto. Gracias. Que Dios lo bendiga.
La cuestión es que las potrancas casi estaban llegando a las gateras cuando se acercó un gordo de pelada brillante: ¿El viejo te dejó alguna fija? Seguro, me reí. Segura, querrá decir, respondió el gordo, qué raro, es una de las mayor sport. Mire, hay que creer o reventar: ahí mismo me di cuenta. No miré, en las Performances del Programa Oficial, en qué puesto había salido esa potranca en las últimas carreras; no miré quién era el Jockey ni pregunté por su entrenador. Corrí hasta las ventanillas ubicadas en las tribunas; podía tramitar apuestas sólo hasta el cierre del sport y faltaba poco. Todo lo que llevaba era la guita para pagar un nicho por cinco años en La Chacarita, que íbamos a llenar con una urna falsa para que mi abuela tuviera dónde ir a llorarle. Muy creyente, la abuela. Aposté a ganador, el operador me entregó el ticket de apuesta. Y no miré más que la largada. Me sumé al aplauso de los amigos trajeados por respeto, y cuando el polvo se arremolinó entre las patas de los animales… al ver cómo las yeguas le pasaban por encima, no puedo negárselo, lloré. Pero no por él, el tío se estaba elevando junto al polvo en medio de la Fiesta Hípica. Era su Gran Premio. Y supe sin que la Comisión de Carreras diera a conocer el resultado oficial, que podía ir hasta la ventanilla y esperar a cobrar. Gracias. Que Dios siempre le dé más.
Saqué de la basura la caja de zapatos que había oficiado de coche fúnebre para llevar al Tío hasta su última morada, deseché el tarro ámbar y puse la guita. Una larga fila de amigos se acercó. También el gordo de la pelada brillante. ¡Sigue cantando la justa el viejo! Nos vemos la semana próxima en Mar del Plata ¿sí? No, le respondí. Está bien que el tío me haya heredado la farmacia pero hay que hacer tanto papeleo con todo esto… Nos vemos en un mes o dos. Está bien, pero no te lo gastés todo ¿eh? Que Dios se lo pague. Muy amable. Tenga fe.
Me hice cargo del negocio en menos del tiempo pactado. Si a la ceremonia de las cenizas había ido mucha gente, el desfile por la farmacia fue interminable. Mujeres jóvenes que decían que Don Ezequiel era un Santo, ancianos que me preguntaban qué iban a hacer sin Don Ezequiel, y acreedores, docenas de acreedores. Algunos traían pagarés, otros argumentaban préstamos de amigo y los más, cara de matones, a los que pagué sin preguntar. Durante un tiempo seguí con el negocio, levanté quiniela, abracé a las viejas, di préstamos a cambio de sortijas de enlace y alguna que otra pelotudez hasta que apareció la blanca. Y fue que no, sin vueltas. Nadie iba a ensuciar la memoria del tío y yo no me iba a hundir en su memoria, mucho menos. Así que el negocio siguió despachando de aspirinas y antiácidos hasta que volvieron las boletas, las fijas y dos mangos al cuarenta y siete. Años tranquilos, pero nada es para siempre; y la fortuna tampoco es para todos. Muchas gracias. Que tenga suerte.
A partir de aquí todo se acelera. En pocos años llegó el Prode, se oficializó la quiniela, y los bingos invadieron la ciudad. Que la inflación, que el dólar, que los saqueos y los pibes que salen a chorear; que el corralito, que el corralón… Y sí, es Argentina. ¿Que cuánto hace de esto? Casi veinte años, tiene razón; pero veinte años no es nada. Además la vida es una apuesta. A veces me pregunto si la mía valió la pena, o la de él… No, Señor, no me de otra moneda. Ya tengo bastante. Gracias. Hoy entró mucha gente. ¿Me puede hacer una gauchada? Póngame esto al 17 en la primera bola, segunda mesa. Imaginesé, con esta facha no me dejan entrar. Yo lo espero a la salida. O mejor en la Taberna Baska. Sí mejor lo espero allá. No se preocupe, jefe. Es una fija. Invito yo.

*se suele llamar así al Casino Central de la ciudad de Mar del Plata, Argentina
Publicado en revista La Avispa, nº 22, Mar del Plata 2003

LA SELVA LIBRE

Y vos y aquel y cualquier otro, nos levantamos juntos sIn saber, para saber y por qué no, que cualquier mono que se precie no es más que un mono. Y el pellejo tira y aunque no queramos nos encontramos sacándonos los piojos con dedicación casi absoluta se transforma en la obsesión de todos los días.
Y es así, para qué más, podés decirme. si querés otro día volvemos a encontrarnos, pero no...
Yo sé del juego de arrancarse la piel. Con una basta. Una vez, no piel aunque la piel sea una y se arquee reptando sobre las sábanas que se acomodan primero a la tibieza de mi forma y penetrando impúdicas primero -las profanas- por los huelgos que dejamos de vergüenza porque siempre está ese darse entero pero no, clavar las uñas hasta ahí, abandonarse al tacto del otro siempre y cuando pierdas el desenfreno total de un éxtasis que desanuda cada uno de tus lazos menos el hilo invisible con el que imaginás precintada tu cintura, para que en todo momento, el rollito quede sostenido y al volvernos la panza no se vaya de costado.
Las sábanas, decía, ladronas que se apropian de la temperatura de nuestros cuerpos y terminan arrugada, se enredan a los dedos d e los pies y ala rodilla en la vuelta como para recordarte que ahí están porque al fin y al cabo un poco de rebeldía adolescente está bien como este regalo que me doy, que me diste aunque la sábana quede manchada como mi nombre y a la sábana la agarre y la estruje y la muerda, porque ya vas a ver, que esto de andar sintiendo no es así de fácil; porque el que las hace las paga Habrase visto: andar gozando así sábana hija de mil...

Del libro Del Papelero, Ed Martín, Mar del Plata, 2002



CARTA ABIERTA

Estimado Padre Eduardo:
Esta carta no respeta las liturgias, mucho menos la de La Palabra, pero me urge reconciliarme conmigo misma, con la humanidad y principalmente con el Verbo Encarnado; por eso necesito que escuche (lea) mi confesión.
Para ser concreta, Padre, me acuso ser una representación; si no fuera así, ya me habría acercado al confesionario para enfrentarme a U usted sin simulacros y no estaría escribiendo esto. Pero no soy actriz o sea que dar la cara no es mi fuerte y por otro lado, sólo al escribir soy sincera, ya que es lo único que sé hacer 0 engendrar, como prefiera. Además, a las palabras se las lleva el viento, a los secretos de confesión... vaya a saber. Y yo quiero que esto sea un .doc Así que hágalo público, si quiere:
Padre, yo siento la necesidad de romper los moldes, las reglas, las hormas, las matrices, los montajes, las instalaciones. Es como si una asfixia abarcara y oprimiera toda mi piel, sofocándome hasta extinguirme. Muchos se conforman con la vida que les tocó vivir, aunque al hacerlo se desfiguren, distorsionen, deformen. Conformar... Deformar... Me pregunto si serán sinónimos o antónimos. Un prototipo, cualquier modelo o paradigma se acomoda, te acomoda a una casilla, a un apartado; te aparta, te empaña, te rotula: "hombre sin rostro", te ultraja. A mí no me alcanza un tipo de vida, Padre, los quiero todos.
Por eso despojo y calzo íntegro cada uno de los infinitos pellejos de los hombres y trato de hacerlos míos; robo vidas y las siento, vivo como propias... las cuento. La de quien ama y de quien sufre, la de la señora gorda tomando el té de las cinco en punto, la del drogadicto, del apático o el burgués de m..., la del soldado valeroso y del cobarde, del político y el mendigo, el verdugo y el ahorcado, del subversivo y el represor, de las Bovary y los Fierro... Entonces invento, fabulo, miento. Eso es, Padre, el escritor: un gran mentiroso. Y yo escribo.
Pero ¿sabe? Al robar vidas, las vivo para mí y las vivo para otros. No quiero disculparme, no, al contrario; estoy condenada, lo sé y soy culpable no sólo de robar o mentir sino de los siete pecados capitales porque si fuera verdad que tengo una misión, entonces, cómo explicar cuando en ocasiones, colmada de pereza, transito las profundidades sin decidirme a habitar el cuerpo de mi alma y paso días, semanas, meses sin escribir, temerosa de enloquecer si lo hago y segura de que si no lo hago, finalmente enloqueceré. Entonces, el germen o el gusano de la envidia me penetra y las vidas de otros, virtuosas o perversas, sencillas o intrincadas, comienzan a seducirme, a incitarme... y las ansío, Padre, porque derrochan vivencias que yo jamás experimentaré, vierten las I historias que yo nunca seré capaz de narrar, descifran los libros que en-.al vida alcanzaré a leer. y.,( abarrotada de codicia parto a investigar, a escuchar detrás de las puertas y las almas, a mirar hacia dentro de los ojos, a robar sus alientos en busca de una línea... y anoto datos, acumulo, como un preciado tesoro, cada referencia en mi cuaderno de notas, en el revés de la cuenta del supermercado, en los márgenes de los libros y, le confieso, Padre, que cuando empieza ese proceso de encarnarse en otro, ya no como Santa Concepción, sino Calvario donde crucifico mi comodidad y asumo igual que Cristo los pecados de los hombre, le juro, y no es herejía, Padre, que siento que voy a redimirlos pues llevo conmigo todas las miserias; también todos los placeres, dirá Usted pero de eso no se escribe.
Por eso, para saldar mis deudas con el Señor, si quiero ser justa, debo acusarme también de gula, una gula feroz por saber más y más, tanto que devoro y me engolosino con el respirar de cada uno de mis personajes, me acaramelo con sus poemas, saboreo la melodía de sus voces y cómplice, amaso situaciones para hacer también míos todos sus sentidos... y paladear su lengua, sus ojos, sus tactos. Termino mamando un calostro que me inmuniza del afuera, atiborrada de mí y sin poder saciarme nunca.
Lo sé, Padre, me revuelco, para ser exacta, encendida de lujuria con ese personaje que estoy creando, que soy yo y es otro y... hermafrodita, erizo mi piel. Me cuesta escribir esto, pero ¿podría Usted, que sabe mejor que nadie de las luchas de la carne, interceder por mí ante el Altísimo? Es talla fiebre, el goce de descubrir los más íntimos anhelos, la excitación de penetrar la mente, la voluptuosidad de ser en sangre, lágrimas, semen y saliva solo uno... Es tal el deseo y tan ingobernable. "¡Oh, pureza!" clamaba Rimbaud, como yo clamo. ¿Habrá perdón para mi alma?
Ya habrá advertido que he guardado la ira y la soberbia para el final. El primero porque es el más doloroso y tal vez sirva, en parte, para purgar mi penitencia. Lo que sucede es que cuando mi personaje o mi poema no responde, no crece, no se desprende de mí y adquiere vida propia, siento al desgarro de la cólera estallar en furia, gritos, llanto... y rompo originales, destierro páginas completas, incinero el trabajo de meses y caigo presa en tamaño hermetismo que soy capaz de vagar violenta y sola, y en esto hago especial mea culpa, hasta que todo lo demás desaparezca, incluso mis otros hijos, los de la carne.
El segundo, en cambio, es el más terrible. Sólo se manifiesta si la obra creadora llega a su fin; y si se concreta, no existe sino el éxtasis y por qué no ponerlo con todas las letras: me siento Dios y, en mi infinita soberbia, creo que mi obra y Él y yo somos uno, Padre; y nos exhibimos, obligando a los otros, lectores y orejas pacientes de recitales poéticos a compartir nuestras impudicias, como si tuviéramos algo que decir, algún don que nos hace dignos de ser oídos. Y creemos que lo hacemos por el arte, ¿le parece a Usted?, por la cultura... Me da risa.
A medida que escribo esto, Padre, es como si lo estuviera viendo menear la cabeza "Pobre criatura humana -dirá--, es tan débil como sus mentiras. " ¿Verdad? Pero yo sé que le estoy mintiendo también a Usted, no sólo a ellos que creen que el escritor es una especie de héroe neoclásico con mil odiseas sobre los hombros, un enajenado que se agita en estado violento o quizá aquel profeta olvidado que sin embargo tiene algo para revelar... ¡Es mentira!
Reconózcalo Padre, la culpa es de ellos. Al fin y al cabo ¿a quién le interesa si los lugares que invento en realidad no existen si puedo hacérselos ver? O que Usted sea sólo una ocurrencia y esta confesión, un fraude. Ah, eso sí, les encanta creer en ese amor que me desgarra, ese chisme, esa vida tormentosa y arriesgada a la que ellos no se animan... En eso sí... Tampoco les importa cuánto duela -salvo a tía Elisa a quien al mostrarle mi primer poema galardonado me respondió: "¡Ay, nena, qué mal debés estar!" O al imbécil que hizo un ensayo poniendo en duda mi sexualidad porque había escrito en "Invierta un Hijo" desde un yo masculino. Y ¿qué pretendía? ¿Que inventara otra Juana de Arco para escribir como mujer-soldado en la guerra de Malvinas?-. Vamos, no sea ingenuo...
Miento, pero miento porque la gente me necesita, porque no todos tienen la suerte de trasmutarse, de sentir la mordedura de la sociedad y sangrar, de no hacerle caso al miedo y decir lo que otros no se atreven ...Yeso es horrible. Es como si la vida les pasara de costado y la miraran de lejos. Y si la sienten y no pueden hacerse grito, peor aún... Alguien debe hablar, denunciar, burlarse del espíritu de la época. Tal vez, Padre, yo no tenga derecho a callar. ¿Ha visto Usted alguna vez los ojos de los mudos? ¿Los ojos de un torturado con mordaza?
Pensará que engaño y es cierto; pero ¿qué importancia puede tener que mi alma se pierda si existe un lector que llora, ríe, o enmudece con lo que yo le cuento, miento y solo, sólo por unos minutos, se le mueve algo...? Yo no inventé nada nuevo, apenas otro disfraz de voces para la misma historia repetida. El que lee, elige y si alguien llegara a elegirme, tal vez valdría la pena dar la vida por los amigos.
No sé si esta confesión por escrito será válida y si Usted, Padre, en nombre del Verbo hecho Carne podrá de esta forma darme la absolución, pero ya no la necesito; como diría Cortázar, me siento exorcizada, he vomitado a mis monstruos, he escrito otra mentira y no me importa. Existen mentiras que valen la pena, aunque nos condenen... Porque tengo hijos y quiero que puedan seguir escribiendo cartas verdaderas a un Papá Noel de mentira, y que siempre exista alguien dispuesto a meterse en el cuerpo de otro, a andar a tientas en la noche e inmolarse para que sus caras se llenen de risas y de bicicletas ya nosotros de lágrimas los ojos, Padre. ¿O acaso Usted no cree?
Disculpe, no sé si estaré cometiendo un sacrilegio y con esta carta, firmando mi pase a la gehena, pero no puedo "prometer firmemente no pecar más". Tal vez sea verdad que cargo con la maldición de la palabra y sólo pueda seguir escribiendo.
En su Nombre, el del Verbo y el del Espíritu de la Palabra. Amén

Humildemente

Marcela Predieri
(Mujer que escribe)


publicado en Revista Transiciones, 2008

ORA PRONOBIS

El número de la patente me cacheteó. El auto estaba irreconocible, las llamas llegaban ya hasta el cableado de luz, pero la chapa había volado hasta ahí nomás, como el cuerpo. Digo así porque, hasta ese momento, no me había dado cuenta de que ese cuerpo era el Pepe. Y le juro que entonces reaccioné. No podía ser otro. Me habían mandado a avisar que algunos, y la cana, claro, lo andaban buscando pero yo no creí que se atrevieran. ¿Cómo podían ser tan hijos de puta? Y me retorcí de tal forma que tuve que entrar corriendo para no vomitar.
El había pagado como siempre, pero ellos decían que no, y ahora estaban ahí, fumando a su puerta como si tal cosa. Qué destino de mierda. Por cuatro cajones de vino tinto. Pepe hecho sangre y baba contra el piso.
Traté de no mirar demasiado, para que no me vieran, para no involucrarme, porque la cana ya estaba limpiando todo, pero con un ojo en cada cortina y... yo tengo familia, ¿sabe?
La que lo vio de cerca fue doña Elisa, porque antes de que viniera la ambulancia, ella alcanzó la frazada para cubrirlo, total el hijo suyo ya se le había ido hace meses; y se lo llevaron, pero no estaba muerto, movía un poco el ojo de este lado dijo, y le temblaba la mano. No lo vimos más. Aunque parezca mentira, a la frazada tampoco.
En cinco minutos todo el vecindario estaba en la calle; apenas dejó de oírse la sirena. Y los chicos buscaban a ver dónde había quedado más sangre, después se fueron a seguir metiendo ruedas para avivar la fogata de lo que había quedado del Ford. Entre nosotros empezamos a hacer conjeturas, las viejas hablaban bajito y se llevaban los pañuelos a la boca y la mujer del de la tienda lloraba que, la verdad, dio que hablar, porque uno no es tonto.
Y ¿qué quiere que le diga? Que así atardeció y amaneció el primer día y la cana vio aquello hecho, hecho estaba y eso no era bueno. Sin embargo descansó, porque tarde o temprano, como a usted le parezca, se los vio pedir pizza en lo de Los Narigones.
No, nosotros no comimos, por respeto. Tomamos mate hasta que empezó a clarear. Y por quedarnos con la mujer del de la tienda, porque al final se deschavó todo, el marido rajó y ella lloraba a gritos que se lo devuelvan. Entonces nos dividimos para ir a preguntar a las salitas, los cuarteles, los hospitales... en definitiva para rastrear el cuerpo, porque al final, era como yo había dicho: estaba en la morgue y eso nos llevó hasta el jueves. Yo andaba sin cenar. Y ese día tampoco pude porque fui uno de los que tuvo que entrar para reconocerlo. Y dije que sí, que era Pepe Gonzalez, de a la vuelta de mi casa, aunque me podrían haber mostrado otro, que con tal de salir yo firmaba cualquier bosta.
El viernes fuimos hasta el PAMI para que pagara el entierro, pero no me va a creer, Padre, nos dijeron que no correspondía, que además como era muerte dudosa teníamos que esperar hasta el domingo... ¡cómo si el Pepe también fuera a resucitar el tercer día!
Así que acá estoy. Después de la misa ¿no viene a rezar con nosotros por las pobrecitas almas del purgatorio?

publicado en Revista "La Avispa" nº 47

EL VIEJO DE LOS PERROS

—¡Urgente! ¡Prestame los marcadores! —le pedí a mi hermana la más grande. Ella estaba en la cama llorando con la tele prendida.
—¡Tomatelás! ¿No ves que estoy mirando “Amores Perros”?
—¿Y si es de amor, por qué llorás?
¡Para qué se lo habré dicho! Empezó con que el amor es cosa de grandes, que yo no entiendo nada… y qué sé yo cuántas cosas más. Pero yo sí entiendo. Entiendo de amor y de perros. De amor, porque Mariana es mi novia. Ella no lo sabe, pero es mi novia igual, porque es re-linda y no usa hebillas de Barbie como las otras. También sé que no se puede sentir amor por cualquier cosa; uno no es tan tonto. Yo quiero a mi bicicleta más que a nada en el mundo; es la mejor bici de la cuadra pero de ahí a gritarme: ¡Deja eso! ¿Estás enamorado de esa bicicleta? hay como de acá a la Luna. Esa sí la tengo clara. Los humanos no se enamoran de las cosas. De los animales, no sé.
Don Manuel dice que ama a sus perros. Claro que no se parece a un papá, ni siquiera a un abuelo, pero él me enseñó todo lo que sé de amor y de perros. Don Manuel es el Viejo de los Perros. Y vive en Playa Grande, como con veinte, debajo del viejo edificio del INIDEP. Algunos chicos del barrio le tienen miedo, dicen que cuenta historias horribles de barcos que se hundieron y de vigas oxidadas que se pueden venir abajo en cualquier momento. Por eso cada vez que nos queremos meter por ahí nos manda los perros al humo. Y son perros fieros. Yo siempre que voy a la playa con la bici, me bajo antes de que me vean porque si no, te tiran a morder los pantalones aunque los tenga atados con un broche para que no se me enganchen con la cadena. Don Manuel siempre está tomando sol junto a los perros y él dice que ahí está mucho más cómodo que en una casa. Lo que no entiendo es por qué la gente comenta que es una barbaridad que viva así, a la intemperie y solo como un perro. A mí me gusta estar con él y no le tengo miedo ni nada. Dice mi mamá que si ando por ahí se me van a pegar las pulgas ¿y qué? Yo tengo piojos, pero me paso el peine fino y listo; con las pulgas debe ser lo mismo.
Lo que más me gusta son sus historias de perros. Él sabe muchas, muchísimas. Cuenta Don Manuel que el Tuque, uno marrón y negro, flaquito que tiene la cola cortada fue el que quedó atrapado en el Marcelina de Ciriza, así se llamaba el barco pesquero que se soltó de la Escollera Norte en una sudestada gigantesca de hace años –me explicó Don Manuel-, uno que se fue navegando solito hasta Constitución que es adonde están los boliches a los que va mi hermana. ¡Bah! Sólo no. Estaba el Tuque. El Tuque y los fantasmas que viven en los barcos. Y fueron precisamente ellos los que lo empujaron por la borda justo antes de encallar. Los perros de los barcos –dice Don Manuel- son grandes nadadores; eso lo salvó.
También cuenta la aventura de uno negro, rengo de la pata izquierda que una vez quiso salir en parapente con los locos que vuelan en Varesse. Los muchachos odiaban al Negro porque cada vez que querían despegar los corría y les ladraba para que lo atasen y lo llevaran a dar una vuelta. Pero nada. Los parapentistas se entienden con los pájaros pero no saben nada de perros. Un día el Negro se cansó y se prendió de la pata de un piloto que lo alzó como tres metros. Después de tanta patada se soltó. La gente se reía como loca; al piloto, que estaba muerto de rabia, le tuvieron que curar la pierna con agua oxigenada. Al Negro le dolieron las costillas una semana, y yo sé cómo duelen las costillas porque a veces cuando voy a hacer pruebas con la bici a las rampas me mato, te juro que me mato. Don Manuel lo tuvo acostado contra él esa noche y varias noches más hasta que se curó y me contó que cuando soñaba, porque los perros sueñan, parecía sonreír. Así que seguro, tanto no le importó el dolor. Él no podía correr tan rápido como otros perros pero había volado ¿qué tal? Los perros de la playa son tan valientes –dice Don Manuel-. El lo sabe.
También me explicó que hay perros que ladran para avisarle al pescador que tiene un pique; es que a veces, pobres, se duermen de tanto mirar la boyita. Hay otros que aprendieron a hacerle frente a los lobos marinos que se quieren subir a las lanchas amarillas y se ganan algún pescado que le tiran los dueños como recompensa. Claro que antes tuvieron que aprender a comer pescado, pero los perros se adaptan a todo, por eso son sobrevivientes, como yo –dice Don Manuel- aunque eso no lo entiendas bien todavía.
En La Perla, por ejemplo, hay un Golden (el único que no duerme con Don Manuel porque es del Guardavidas pero que siempre lo va a visitar) que ayuda a sacar a la gente del agua. Y la ve enseguidita, mucho antes de que hagan sonar el silbato. Entonces gruñe fuerte y se mete al agua con la rosca y la soga. Hay que ver cómo nada, casi tan rápido como el guardavidas. Los perros de la playa son tan observadores -dice Don Manuel.
También me contó que hace mucho, yo seguro no había nacido porque no me acuerdo, cuando vino el tornado a Mar del Plata, fueron los perros los que le avisaron para que se fuera de abajo de la construcción donde dormía; que él no entendía nada pero que no paraban de aullar, lo despertaron y no dejaron de tironearle de las mangas hasta sacarlo de ahí…Entonces, de golpe, vino el viento, el mar se puso como nunca lo había visto y al toque reventó una ola increíble que arrasó con todo lo que había en el lugar. Que los perros lo protegieron –eso dijo don Manuel- porque son leales, más leales que las personas, que si no, la ola se lo hubiera llevado a él también.
A todos los quiere don Manuel. Y les da de comer aunque no tenga mucho. A veces no le sobra ni un pedazo de sándwich pero de lo poco se comparte –dice- si no, no tiene gracia. Por eso cuando los huesos del asado no alcanzan, le saco algo de la heladera a mi mamá y se lo llevo; aunque casi siempre lo único que hay es un pedazo de queso fresco o alguna milanesa medio dura del mediodía. Porque ahora Don Manuel tiene una perra, y la perra tuvo nueve cachorros. Por qué tantos -le pregunté-. Él me explicó que seguramente se había enamorado más de la cuenta, como les pasa a veces a las personas, como le pasó a él hace mucho. Por eso la va a cuidar, a ella y a los cachorros, hasta que crezcan.
Una vez, los chicos le preguntamos por qué vivía ahí, y él nos dijo que le gusta mirar el mar. A mí me parece que por eso tiene los ojos entre verde sucio y marroncito, como el agua de acá. Y porque ama a los perros –dijo-; como en la película de mi hermana –dije, pero no me escuchó-. Que le hacen compañía el Tuque, la perra, los cachorros, el Negro y el Golden que viene de visita. Porque los perros de la calle somos una gran familia –trata de explicarme Don Manuel- y no nos dejamos nunca solos. Que nosotros tenemos que aprender.
Ayer empezaron las obras para arreglar el viejo edificio, van a hacer una confitería o algo así, y Don Manuel se tiene que mudar. Dice que no sabe muy bien a dónde va a ir pero se va a llevar a los perros. No se abandona a los amigos, aunque sean perros; que tal vez vaya para las Playas del Sur, que ahí también se juntan los surfistas y son buena gente; él les va a calentar agua para el mate para cuando salen del mar muertos de frío y, si le tiran unas monedas no le va a venir mal. También me pidió que le hiciera un dibujo, porque seguro me va a extrañar y que si tanto ama a sus perros que trate de imaginarme cuánto me llegó a querer a mí. Yo le dije que también lo quería mucho pero que a mí no me salen bien los dibujos, que mi hermana me carga, que sólo hago monigotes –dice-, pero Don Manuel me contestó que a él le parecen muy lindos y que no me olvide de hacer al Negro con su hueso preferido. También me dijo que si cuando vuelvo para la playa no lo encuentro, lo ponga en una botella y lo tire al mar. Que él todas las mañanas va a revisar lo que la marea trae hasta la costa. Y no sabés las cosas que se encuentran –dijo-, que me quedara tranquilo. Ahora mismo me voy y lo empiezo a hacer –le contesté-, por si acaso. Pero seguro lo voy a ir a visitar; si mi papá no me lleva, me armo la mochila y voy con la bici. Es lejos pero si uno no es capaz de pedalear un poco más para estar con un amigo… Nunca, nunca, nunca lo voy a dejar solo. Eso lo aprendí con Don Manuel.
Cuando llegué a casa, en la vereda estaba la hija de la vecina, que es una perra –dice mi hermana-, y será porque se la pasa diciendo: ésta es una vida de perros, o qué noche de perros, o porque se puso de novio con Caniche, que antes era el novio de mi hermana. Apenas entré mamá empezó: Dejá de rascarte como un perro… pero yo me fui corriendo a buscar los marcadores. Tengo que hacer un dibujo para mi amigo –grité-, pero mi hermana parece sorda. ¿Por qué no me prestará los marcadores de una buena vez? Entonces me encerré en el garage y me puse a dibujar con el lápiz de carpintero de papá que en eso entró preguntando: ¿a qué hora cenamos que estoy cansado como un perro?
Yo no entiendo muy bien de qué perros hablan. A mí me parece que el único que sabe de perros es Don Manuel.

cuento infantil publicado en el libro NUBE SUBE, Ed.Balder

martes, 18 de diciembre de 2007

ÉBANO (libro completo)

Éste es mi nuevo poemario, el libro que jamás pensé publicar, que nunca quise escribir. Pero muchas veces la literatura nos pone otras almas, otras bocas en la mano, y en ellas somos aunque duela, aunque avergüence, aunque sea regocijo esta pena de besarnos en la boca con la vida o con la muerte... Ustedes dirán





Ébano
 Marcela Predieri
Otros libros de la autora

Sangre de Amarras, ed Nuevo Milenio, 1989
Invierta un Hijo, Ed. Nuevo Milenio, 1991
La Pancarta, Ed Martín, 2000
Los Andamiajes del miedo, Ed Martín, 2002



Marcela Predieri: (Mar del Plata).
Fue directora de la revista
de Arte y cultura “La Avispa 
(2000 -2014)
y fundadora de“DELAPALABRA” 
Grupo De Estudio y Creación Literaria 
que reunió autores marplatenses de 1991 a 2020

http://mpredieri.blogspot.com


Diseño de Tapa: Gustavo Fogel
fogelgustavo@hotmail.com

   
Permitida la reproducción -ya sea electrónica, radial, televisiva, mecánica, fotocopiado, grabado, xerografiado o cualquier otro medio- siempre que se cite el nombre del autor y la fuente. (Es más: se agradece)


Una Palabra Pre/Eliminar

La decisión de Marcela de no incluir prólogo alguno en su nuevo libro me llevó, como amigo, a preguntarme por qué. Decidí entonces hacerle esta pequeña entrevista -en un principio a destinada a “La Avispa” -revista de Arte y Cultura que dirige desde el año 2000-  pero , una vez realizada, me gustó tanto que le rogué que la incluyera a manera de introducción. He aquí algunas de sus respuestas:

Marce, ¿éstas son palabras pre eliminar o post eliminar?
Es un libro post eliminar ya que de casi trescientos poemas –me causa gracia porque había jurado no volver a escribir- solo me quedé con lo esencial. Por eso no tiene un núcleo temático sino varias secciones que han sido tramadas hasta conseguir la unidad que quería para que conformara un poemario. Y también lo siento un libro pre eliminar porque intuyo que aún estoy a tiempo de tirar todo esto a la basura.

No creo que tanta sensibilidad puesta al servicio de la palabra deba ser arrojada a la basura… ¿Por qué considerás eso?
Es que este libro es un asco. El libro que jamás pensé publicar, que nunca quise escribir. Pero muchas veces la literatura nos pone otras almas, otras bocas en la mano, y en ellas somos, aunque duela, aunque avergüence, aunque sea regocijo esta pena de besarnos en la boca con la vida o con la muerte. ¿Por qué una va a ser mejor que la otra? ¿Por qué este libro va a serlo?

Hace cinco años que no publicabas a pesar de tener material para hacerlo ¿qué razones te llevaron a editarlo ahora?
Estaba creciendo demasiado, ya dolía; así que fue necesario extirparlo, como a un cáncer. Es curioso: cada mañana al despertar leo un cartelito que pegué hace años en el espejo de mi cuarto; dice “Yo no tengo ningún problema”; tal vez sea para creérmelo o para darme cuenta de una buena vez de que es cierto. No sé, lo dudo. Dudo. Por eso escribo poemas y no reflexiones metafísicas. La poesía es eso: “arder de preguntas”, por eso me decidí. Digo en un poema: “No voy a escribir / Voy a leer / a leerme y darme lástima” ¿No es terrible? Se puede leer un libro pero no se puede leer a una persona salvo que esté desnuda. ¿Desnuda un libro? Claro que sí, pero no al autor sino a los lectores que al fin al cabo son los protagonistas de lo escrito.

Entonces este libro desnuda mujeres… Porque es un libro que ronda la problemática femenina.
No sé si es un libro sobre las mujeres, creo que es apenas un poemario sobre mi mujer. Un libro que da miedo porque está escrito por una mujer a quien le cuesta reconocerse. ¿Sabés, Ale? Todavía me veo subida a los árboles de la casa de mis abuelas, con las rodillas sucias de tanto jugar a la pelota o en la vereda lavando el auto de papá… y siento más que nostalgia. De lo que estoy segura es que no es un libro para mujeres. Muchas se horrorizarían al verse descubiertas. Ya me pasó con Dadora, un extraño poema de Los Andamiajes del Miedo, que en un fragmento dice: Mujer fatiga y goce / purísima y barata / Mujer que sólo una mujer despedazada / que se reencuentra en todas ellas madre / un mendrugo de sí misma.
Te lo voy a confesar: definitivamente es un libro para hombres, pero no para que nos conozcan y entiendan; como dice el dicho: para que nos amen.

Sin embargo sé que la primera versión llevaba en la contratapa “Hombres abstenerse”…
Es la mejor manera de atraerlos, o ¿no?

A mí, por lo menos. Por favor, hablemos del motivo que me llevó a hacer esta entrevista. ¿Por qué no lleva prólogo? Para muchos hubiera sido un honor.
Vos me conocés, Ale. Siempre preferí un café con amigos a cualquier pomposa cena por compromiso.

Ahora en serio, Marcela ¿Por qué Ébano?
Es una madera dura, casi negra; tan pesada que no flota en el agua; muy resistente al choque. Los ebanistas la aman. Y estos son, sin duda, los poemas más oscuros que he escrito en la vida. Yo misma soy dura, me hundo tal vez con demasiada frecuencia, me encanta ir al choque de frente y mi poesía es, por cierto, nada clara. Pero así como el ébano tiene una veta alba, de rara belleza, realmente de luz, espero que este libro también la tenga.

Una última pregunta: ¿A quién dedicás este libro?
A la que no soy, porque como escribió Kundera en La Insoportable Levedad del Ser: “mis personajes son mis propias posibilidades que no se realizaron”

Yo agregaría que tus personajes también son la posibilidad de realizarse para muchos lectores. A veces, al leer alguno de tus poemas, siento que han sido escritos con desgarro pero también con mucha fiereza, como si nacieran desde lo profundo del útero. Te deseo toda la suerte con este libro, que a partir de ahora es nuestro.
A ustedes. Yo no voy a leerlo; a esta altura ya me tiene harta. Tal vez me dedique a escribir. ¿Otra vez sopa?

Alejandro Gómez
Mar del Plata
Noviembre 2007

  
afasia

nadie me verá de espaldas

Huérfana de cautela o ceremonias
voy hacia el génesis

No hay razón para maniatar al grito
atrincherar la verdad tras una mueca
 ser escrupuloso títere del hambre
o un selecto imbécil del silencio

Por eso me rebelo
trasmuto con terquedad de hormiga
todo antiguo anonimato

La mano del juego comanda los destinos
y me invita a no irme al mazo

Hay cuatro barajas sin jugar
una es la muerte


imposibilidad

Puedo llagar mis brazos
lamer la humedad del sur
crispar mis senos al rocío
o recostarme sobre el polvo

Puedo abrir las ventanas
        al grito encadenado de la corteza
y todavía no sangrar pájaro

Flecha en el carcaj
nonata
          en la palabra primigenia


habré de acomodarme a mis muchas soledades

Me asola esta inicial
el moho que aparea mi tristeza
                         a los domingos

Me zurzo las manos
en vano intento de escribirte

Igual a otra vieja estación
  las páginas en blanco
       los rieles por andar
           el tibio lenguaje de los ojos
quizás encallen
junto a los alfileres de la culpa
                               o el pasado

Quizás pueda tu retorno

Quizás coagule esta ciudad
en la bahía

identidad

Es una palabra de sexo femenino
       cotidiana
                 simple como una taza
o la lluvia sobre las violetas de mi patio

Un sustantivo en fuga
          lo sé
                  pero no lo hallo

Cierro los ojos

                   Tal vez me encuentre

el sigilo del fuego

Cercada por meridianos de silencio
miro aquel insecto que me ignora
que no sabe del peso de la muerte

Me consumo
                él levanta vuelo

Tal vez haya algún error en los oráculos
o en mi página infecunda

en la brevedad de una copa

Aquel índice reconoce la cintura y el anverso
Duele soledad
tiembla ventana de la lluvia

La noche esfuma vapores de alcohol
El oleaje de la armónica
         se eleva caricia y musgo

Más allá
             la lentitud del espacio
un escapulario demasiado viejo para este hoy
tal vez demasiado pájaro
o demasiado tiempo
sea vislumbre aguja quizás queja

Tras un vientre encorsetado de palomas
esconde sus ojos traviata la cordura

¡Arqueen las sogas debajo de mis dientes!

que el viento no sepa
       que el viento me guíe
                  que el viento no pueda

esclavo a los andenes

En los ojos de la tierra
       gris se espeja el cielo gris

los celajes intentan trizas de altura
y callosas
          las manos del muelle
reverberan la tarde al gemido de un tren

No hay ojos para la memoria de este cuerpo
que apuñala viento en su garganta

Escribo mi equipaje con soberbia de jacintos
         en un suburbio ajeno a los perros y la noche

condición poética

La palabra esclava
pone sus pies
bajo el espejo de la memoria

Profano las escaleras
que lamen el muro del reino:
mi nombre
del pan hermano y del culto

un perfil en el rincón
que se suicida

hay dos frutas pudriéndose en el plato

De acuerdo:
     no es imagen para empezar ningún poema
pero me miran desde su luz temprana
me provocan con su olor dulce
los rostros ajados
sus lunares

En ellas las simientes

Tal vez las arroje al baldío de la esquina
tal vez algún pájaro

En cambio en mí
                 el silencio no geminará

poesía


Una elección

un paso en falso

y esa eterna disposición a la tristeza


por qué el silencio me hace piel

Sueño que no ensueño
Me ofusco
                 no alucino
transfiguro
Transfiero los prejuicios

Intento una novela que rebele
que revele la rebelión que hay en el engaño

No finjo
     Me aparezco apareada la espera
al afán de nuestro empeño

Y da tanto gusto darnos ánimo
aplaudirnos el esfuerzo
               Pero no hay certeza
en un trapecio semejante

Convencete:
            desde otra perspectiva
-la del ingenuo claro-
 todo es cuento
             también dogma y nomeolvides

tal vez no estemos listos

¿Y si no fuera el miedo
         ni el gato negro de ningún ojo amarillo?
¿Si no fuera el temblor de los trapecios
         ni la garganta seca de tu voz?

Si no fuera nada de eso
sino uña encarnada a la noche
        pánico de ángeles imposibles
soles de hielo ante el aliento alucinado del mediodía

Es preciso desnudar los ojos

Lo sé
        No es nuestra vocación a la pena
                                              o a los pájaros en luto
Es reconocernos huérfanos
ajenos a la conformidad de las tumbas cotidianas

Por eso avanzamos
     desgarbados de muros
      rompe nieblas
                capaces de cualquier hoy

No a ciegas

porque puede ser
          que no seamos nosotros para el miedo

No sé
        digo yo
                    sólo tal vez

demasiado

Habré de tomar el fuego con los dientes
y toda lengua que no conduzca
                        hasta el hartazgo del averno

Herida y mínima
                          como el miedo
no haré demandas

El dolor nos infecta
Es la estirpe
            y me recuerda el tiempo en que yo también
 fui mordida por primera vez

El lago tembló entonces
             el trigo ya no florecería pan
aun retoza vejado de llanto
            y muere de muerte natural
                    -tan naturalmente bella-


Hoy
        al ver tu imagen en el quiebre de los espejos
porque con cualquier espejo
                                    pueden labrarse las cuchillas
sabré correr
                y cortar las sogas de esa cruz
que hace brillar la culpa de no poderte
                                                  de no poderme

Por eso
         cuando los pies vuelvan a sangrar para siempre
y de verdad sobre los filos del poema
        nos condenaremos como náufragos
contra y a favor de los muchos lobos que somos
                           de los muchos corderos

No puede ser de otra manera
y aun así
          es casi nada
                       como nada 

Ningún remedio puede pintarnos los ojos
                            que seguirán siendo huérfanos
como nosotros de nosotros
         los malditos los mediocres
imbéciles de la palabra
         que corrompemos con lunas los grises
y sólo nos sacia ese silencio capaz de masturbarnos

Ya no existen pecados
Podemos ser nunca más una apariencia
                desvestirnos de las máscaras
                                      o dejar de luchar     

Te convoco a la ronda negra
             porque no puedo dejar de rondarte
                                  de rondarme

Yo lo he aprendido hace tiempo
aunque no sea fácil hacerse
        contra la sonrisa vencida de las calles

Ya nada de berrear que de la poesía no hay regreso
       siempre será vodka y miseria lo que urdas

No te vayas
               No te asustes

También puede ser que lo que narres
          sea otro cuento
                           mucho menos peligroso

de revoluciones

Cuatro vidas
trece féretros enfrentan la ausencia de las hojas
El ángel de la muerte golpea con su aroma a noche
lleva su carro o su cruz en sueños de suicidas

Como un campanario inútil al desierto
               se empeña en atraer mi cuerpo de mujer
Me pregunto si andan descalzos los demonios
                     si mi boca no perece ya de tanto invierno

Hay un juego que no alcanzo a descifrar
un pueblo entre líneas
            junto a cruces que surcan los eneros
pero el padre ha olvidado las plegarias

Es imposible bautizar otro río
                         con las ruinas de la costumbre

No hay pantano que cubra la memoria

La cobardía pesa
¿o es tu luto en mi garganta?

hay que ensuciarse los ojos
Es parte del entierro
estos brazos que por colgar pesan tanto
Gustavo Tisocco
 Hay que ensuciarse los ojos
y ver sus cuellos que se arquean
a besar la muerte

Hay que mirarlos
como árboles amarrados a sus huérfanos
entre el polvo y las barajas

A ellos
        de hembra alguna
que tienen precio de orgía
       y abrasan en el agua
                las huellas del deseo que saben mutilar
que sólo conocen la lengua de su espejo

A ellos que no pueden evitar
ser soga de mendiga colgada a sus monedas
pan en la boca de un tigre
nudillos al borde de no importa qué
                                                   plegaria manoseada

Hay que saber desnudarles el pellejo
sepultar sus rodillas
masticarlos como a hostias
desgastarlos como a un centavo ciego
y dejarlos por fin inmóviles de tiempo
para ver lo que esconde la sepultura de sus cejas

para descubrir que lloran como cualquier mortal
y que como a cualquier mortal
                      la madre los traiciona

Y serán tan bellos cuando lloren
cuando los veamos morder
                               con oficio de Dios
ese miedo de pájaro a subirse a los ojos de los gatos
mientras yo los araño

punto final

La ciudad ha parido sobrevivientes
tras el contorno de la náusea
pero no quiere recordar

Dicen que agita impaciencia
pero esquiva ataúdes
           con la parsimonia de un discurso
que de tan viejo
ni siquiera es culpa u olor a pasado

Sólo los muertos habitan la pena y la memoria

No te equivoques
Es otro rito
        el que quiere desraizar de entre sus piernas:
tanta vieja rezando calesitas
     en medio de la plaza

convoco a la conjura de los tigres

El miedo desborda cicatrices
que tiñen de violeta la piel y el humo

Te veo muerto en un hoyo sin memoria
Hay vino entre las grietas
en tus pies de andamios desmayados

Como si no hubiera nacido antes de ahora
un ahora que no es que no es posible
no soy yo
pero no me asusta no encontrarme

El tiempo se detiene
alza sus agujas
y mi vientre lapidado en el ayer
es parca y entrega

Arquera de gorriones derribo la tarde

Un abrazo de Möebius repite la historia

mundo light

Voy a escribir yacaré
estropajo ajo
tropa tridente

Voy a vomitar membrillo
                       agujas negras
                       tierra que trepida
morder cactus contra la ceguera

No más tapiada mi boca de ceniza
seré revolución

Hembra mordida
              gritapalabraputa


ábaco de blasfemias


me decido a hablar

No pude ser jamás espejo de otra cara

Había en la mesa cuatro panes entonces
y era todo reír guijarros
                    o turrones con bocas desdentadas
bebíamos del frío y de la lluvia
mi madre lloraba apocalíptica la muerte de los trenes
y no era poco mirarnos
        o aprender de las caricias del trigo
                          sobre las frentes afiebradas

Las procesiones del Corpus
             vestían sus pabilos de júbilo
y el altar nos llamaba al regocijo de ser fieles

No estabas
          -no voy a hablar de pormenores-
La sombra hechizaba la maleza
y daba lo mismo ser piedad o furia

Pero aquella sombra de los cálices
         no seríamos jamás
                      después
como nunca antes

Por eso ahora
que hace ciénagas que el viento
         no puede desbebernos de la sangre
que hace cuatro imágenes
         que el Cristo ha dejado de llorarnos
que hace tanto que mi lengua
         no se pegotea a tu amor de hombre pasajero

apaguemos los cirios y que el luto del sagrario
                                                       se cubra de esperma
que hable
          que ningún perfil
    se arrobe de monedas que no serán pagadas

Seamos Judas otra vez
No hay redención posible

Hartas de bondad las manos de los párrocos
hartos de llorar mis rodillas sin peso
          comulgan con mis ojos a cuestas

Qué mejor ultraje
         que cubrirme de tierra
y no resucitar 
para que Dios se quede con las ganas


 … del mal
                  Amén

Una vez dijiste
perdona nuestros pecados
pero el precio es el olvido

Olvidar el dolor del fuego que nos guillotinó los ojos
             el desorden de la sábanas
 y aquel sol alcahuete
                      que jugó de a tres con nuestros cuerpos

Dejar de lado
     que alguna vez fuimos un coro de hienas y de sangre
Olvidar cuánto reímos

Así se perdona dijiste
con tres Ave María y cinco Padre Nuestro

(pero Magdalena está llorando
                 frente a un dios que se masturba)

nueva alianza

Porque ese dios
           aburrido de su soledad eterna
nos jugó la mala pasada
        de tomar un cincel
                  y labrarnos para la muerte

Porque no llevaba rostro impar
                       su amor hermafrodita
Porque estaba solo

el hombre creó a Dios
                  a su imagen y semejanza

y dios cayó
    
Hoy las viejas se persignan
                      mientras María avanza
preñada y feliz
                 hacia otra gesta 

duerme mi boca al revés de la lluvia

Ciega del oficio de increpar a Dios
       pongo mis manos dóciles sobre todas las cabezas
y me hinco ante Su Nombre

Mi alma se hace tarde
pero no soy yo
                    herida
sino sus uñas las que tienen el nombre de mi grupa

Es que veo en la Custodia el azote de sus ojos
Es Él quien se encumbra
           -tan niño que da pena-
con su cáliz vencido ante mi embriaguez

Por eso mi arrogancia se reclina
pujo otra plegaria
-tal vez un pésame
            que no llega a consumarse-


Hoy
          es el bautismo de la culpa
Mi madre está pariéndome
pero no creo que haya agua
         que me devuelva a la inocencia

Sobre ella cabalgo
        como en un eterno domingo
                                 sin fiesta de guardar

Dios se persigna

Dios se persigna
Su ser impar vaga
   con una copa de ron entre las manos

En su lágrima hay una cicatriz de piedra
Cuando la veo retiro mi mano
                  como si ella pudiera avanzarme
o montarme a su lomo detrás de los relojes

Pero Dios juega a los dados en mesas de billar
   está exhausto
           y su vejez es noche en nuestros muertos

Quién dijo que es todo poderoso

Cobarde
              Él podría
                         (y lo sabe)
pero no consigue llorar

por eso aúlla en la noche eterna de su nombre
Su desgarro de soga
       y las perpendiculares de la cruz
                le recuerdan a la madre que no tuvo

Un Dios huérfano
       Cómo no acunarlo

Vení Dios
papá cuenta cuentos a la luz de la Custodia
        y mamá sabe una canción que te hará dormir

Vení Dios
             tengo un lugar dentro de mi mano
                       para vos y tu cansancio
                    
(pobrecito)

treinta monedas

En aquel tiempo
mientras hombre y larvas
      se daban de la mano
vi al sol apagarse
      sobre los ojos del día

Fue cuando Judas
    vistió su sobretodo negro
bajó al Hombre de la Cruz
              y
   una
                         a
            una
hizo llover las espinas
      que lo gozaban coronado

El revés de sus párpados
había sido lápida de Dios
    demasiado tiempo

Entonces fue inútil la horca
            y el gallo cantó
por última vez

concebir

Amanece una hostia embebida en culpa
una lágrima
                      yo/ellas
todavía con los ojos cerrados
           nos acurrucamos en una letanía

En el barrio de baldosas ocres
                    resuena la bofetada del invierno
Frente a las rejas se zambullen los zaguanes
  que se enredan a los rosarios gastados de las vírgenes

Ya no es posible dilatar el tiempo
                                    entre ajuares de jacintos
Ellas/yo
           morimos de a poco
como los jazmines frente a la tía muerta

Las llaves del sagrario
                                    se recuestan al cobijo de la tarde
-tal vez sea hora de arrancarnos de sus ojos-

Que la luz de la custodia se haga cómplice
y deje de sangrarme entre sus piernas
                                                      cada mes

me enseña las alturas

La vieja baja la escalera de los párpados.
La extingue su mantilla de santidad y pésame.

Rojo mujer entre las piernas
ha sido su ofrenda de cáliz al peso de las faltas

El cisma de dos cirios sobre brazos en cruz
envuelve de sándalo la letanía de la siesta

Afuera llueve a cántaros

A horca y sábanas
le sabe la quijada de aquel mendigo
que la excita
oculto
entre delantales con olor a vainilla

Incapaz de huir
exorciza de púrpura al deseo

los monjes visten cántaros de tiempo

Más allá del pecado
nada conmueve su decoro

Tras las máscaras hipan cuentas
entre horas que punzan la tarde

Un parto de palomas
desclava del rosario
otra virgen
para sus dedos en plegaria


la castidad del lago

Los pilotes agujan el agua
alzan su ojo
contra el cielo que ajusticia relojes

Sienten al insecto hundirse hasta la savia
y hacer legaña de tiempo
al musgo enhebrado a sus pies

pero la violación
           es herida breve
                       preñada de belleza

Dios
         voyeur al viento
blande juncos
acaricia sus espaldas
y besa la nuca de la tarde
       como excelso monje
                al muelle desposado

absoluto

No hace falta resurrección entre los huesos
Apenas sí quebrar el llanto de las piedras

Y se trata
               a veces
                    -pero no es posible-
de ser Cristo
           con las manos desclavadas

inmaculada

Hoy la agonía escapa hacia el revés de la infancia
hacia manos que rebasan perfiles
          esa explosión del agua
                                tras las ventanas de la risa

Hoy que ha aprendido a mirarse en los espejos
                                           y a no avergonzarse
un perro lame la vereda de su vientre

Aquel pájaro está muriendo
y no siente piedad sino de mí

Una magnolia
               compite con la blancura de la luna
no se ruboriza de ser abierta y goce

Es de mañana
          
 Va en calma
                 a besar a Dios en los labios

catálogo de imperfecciones

magdalenas

Las sábanas sucias
la resaca
el olor a sexo entre los dientes

El veneno solo
                          aguardando
el gato que comparte la cocina
los aparejos
la semana por reconstruir

Ningún crucifijo en el vía crucis
ningún presagio

Sin falta ni culpa
los viernes duermen siesta las señoras


es presa de inviernos
“alguien está de pie
/ y se recuesta a nuestro lado”
L. Escobar

No duerme
     la desviste debajo de sus ojos
Ella no sabe
pero sospecha manos en la curva exacta de sus muslos
Aprieta los ojos
y es tan blanca la desnudez del grito
                  que los lobos se asustan de la luna

En su cuarto de afiches y penumbra
la boca del acantilado se trepa a la mentira
Es fuego una brizna
            y corona de fugas su cabeza

Es tarde
los dos se obligan a deshacerse de los tactos
                              a cubrirse del eclipse
y dormir el estilete de la luna sobre los cueros

Ya no hay temor
        se saben muertos y de prisa
pero no pueden llorar
    ni siquiera a pesar de sus manos mansas

La carne puede a veces herir
                     como un puñado de tierra en el ojo
sin una sílaba

No hay lugar que los aloje después del pasado
no hay redención posible

Las vecinas intuyen el instante:
las rodillas fieles
         la presa boca abajo
                la ausencia de la cruz
el canto de Pedro
            y tres gallos que se quedan dormidos

cinco

Hay que demorar el deseo
que las hortensias muestren su lujuria
mientras el caracol hermafrodita
orgasma entre sílabas
su soledad de sombra

Hay que partir
luchar contra los párpados
apagar los besos
emborracharse de humedad

La mañana rebasa el luto de los pájaros

Esta sed de ser otro
quiebra las piernas de la tarde

resistencia

Ante un espejo de luz
ajena al llanto de llorar a gritos
frente a tu puerta blanqueada de mortajas
destajo las palabras para verte

Soy sin fin ahora
y sin emblema
                deseo terco

Lo sabemos

Mi cuerpo
         junco al viento de la piel
desvirga la sed y la fecunda


un telón para el presagio

Seamos cuerpo
boca
         así
                de tormenta que deambula

pertrecho de escenarios
humedad virgen caracol
          una mancha entre las sábanas
y otra vez oscura
quizás avenida o un cómodo sofá
              donde dormir las muecas

Por favor no me contestes

En mi vientre no hay lugar
                para esas cosas

enroque

El pájaro repta sobre el estómago del sol
como una aguja de agua

Un resquicio enorme se hace mueca

Las veredas enlazan párpados

Ofrezco mis latidos
al espinel de tu boca

Pasemos de los guantes
al dolor del tacto

Es un gesto inútil
que guardo en el espejo

una licencia

El perro es solo un perro si lo miro de costado
pero no lo miro

Siento su lengua curvándose levemente
lisonjeando el aire
bebiéndolo
             despacio
                      entre mis manos

Entrecierro los ojos
lo acaricio

Tiene el hocico mojado y oscuro
         como el pezón       
                    de una esclava que me bebe

tandem

No he de quererlo
                          pero es inevitable
como la sombra esclava a los tobillos

No estoy segura de mis brazos
ni es lugar de la razón la boca contra el pecho

pero no encuentro otra manera de quedarme
                si no es bajo tu asombro
                     que me envuelve de lámparas y miedo

Ya no estamos juntos
                    pero igual amanece
a pesar de nosotros
                  los bostezos y dos tazas vacías de café

Habrá que demorarse en el tacto imperceptible
quebrarle las piernas a las horas
    para que no ocupen el lugar de nuestros cuerpos

“Porque hay dos historias”
una nos demora y otra nos arranca
               de la feroz realidad de baldosas
Ser dos rutinas que se besan
        sin encontrarse jamás
                  sin haber sido nunca

Por eso barro lágrimas de los rincones del cansancio
Sé que hay una capaz de ir hasta tu nombre
                                                           con una estocada

Pero el cielo está sangre de mis miedos
aguachea
                  sabe de mí
segura a una milla de la dársena más oscura del puerto
precisa como una luz de banda
      desgarrada en su mitad
                a espaldas de su nombre marinero

Recorramos entonces los bares de muelle
bebamos vodka y miseria
Podemos renguear y seguir vivos
        ante el temblor de cicatrices jamás besadas
mientras el monólogo del sueño se encabrita desnudo
               entre los muslos de la noche

Por eso aguardo
-la espera marcha hacia el costado tibio de los relojes-
             paciente
                  -aunque la desnudez del viento nos reclame-
      a que haga un dosel con todos mis reparos

     y los derribe por fin
        como a cualquier invierno



mínimo

Entre mortajas de viento
la lluvia lame el vientre de las vírgenes

Detiene el sol la encomienda de los dioses

Sobre tu piel barcaza

dibujo labios para la geografía de mis ruegos



borde de fuga

 


mansa marea

Amarrada al miedo se repliega
Su piel revolucionaria
que apagaba las órdenes de las mareas
        boca arriba
                 cobija despojos de mares retirados

Su pulso está muerto
pero aun escribe un tajo en el cuerpo de la dunas
               mutila los senos de la madrugada

Ya no grita el vejamen de la pesca
Llora anclajes

Incapaz en las batientes de parición alguna    
es agonía del reflujo

Sobre la arena
              su lengua de naufragios   
se sienta a beber franca 
                      con otros muertos

la vida es un bumerang de tiempo

Entre espuma de barrancos esposados a la restinga
arqueo un grito que descalza las cornisas

Se desbarranca la piel
                 y es el suelo tan tibio
que no cuesta cobijase entre sus muslos de invierno

Dos hileras de patos salvajemente negros
 se hacen beso contra la oscuridad vejada por la luna

En la ceja del horizonte
la belleza de la muerte se sonroja
y es cicatriz púrpura tu rezo

Hay cansancio ahora en mis ojos
                  Mi oración está vacía

Escupo a la intemperie

¿Habrá que morir mojado
pedirle al alma que deje de latir
secarse al sol como una res
o el alma de una india muerta
                       para ser la vida que me viva?

El viento se me escapa
                 hacia un sol que hace garra
de tus ojos y mis manos

faltan los barcos

Es necesario invadir sus secretos
las horas de agua que se trepan
   fértiles de anclas y de arena hasta el nido de la noche
las bocas de esos hombres que ofrecen la pleamar
         y se abrazan a los puertos

Sin rastros
             se pierden los nombres de las mujeres del bar
como las estelas tras la rompiente irremediable
y sus bocas de rouge
                 arrancadas con el revés de las manos
                                                        o la memoria

Porque ellas saben guardar entre billetes su saliva
bautizan con champagne la pieza que debe de mañana
                                       mantener las ventanas abiertas
mientras se dejan inspeccionar por el sol
y cuadrillas de viento descarnan de los techos
                                                     el jadeo de los clientes

No hay en ellas rencor ni caricias
Tras haber deshabitado la noche
                                          beben café despacio
cepillan sus dientes y los cabellos enmarañados
porque la pena no es pena mientras entre sus muslos
                      esté caliente aun el recuerdo de la paga

Tal vez alguna novata llore
Aprenderá
          -dice la mujer con arrugas en las sienes-
el segundo o el cuarto ya no importan
y la besará en la boca
                   como una madre

Al costado de la cortina
                       la rubia joven se depila una pierna
se arranca uno a uno los marineros de esa tarde   
y es tan bello verla apareada al sol
          con sus ojos de sueño de mediodía
aunque cargue olor a vino
un mal recuerdo que dormirá hasta que el sol
                              caiga exhausto detrás del horizonte
Entonces arqueará las cejas y recortará sus labios
será otra vez yegua ensillada
un portaligas rojo o un corsette para su alma
quizá dulzura de mentira y de duraznos
como de duraznos los ojos
                    y el latir de su cuello ebrio de sábanas

En ella me encuentro
                             hoy a solas
para beber su soledad

Está calzando anillos en los dedos de los pies
Yo me visto de luto
                                Acaso por el miedo

nada de agua sobre las sienes


El oficio de poeta es escribir
pero yo voy a leer
a leerme y darme lástima

He vuelto

Tal vez beba hasta que la figura de tu cuerpo
se astille en el vano de la puerta
                                         agresiva y tierna
como las pestañas de una vaca parturienta

te escupo otra vez como a un mal sueño

Qué mentira es llorar a solas
cuando las esquinas son apenas un quiebre de tango
      pantorrilla apagada media de red
porque en red caigo entre tu lengua y mi saliva

Cuerpo a cuerpo
 me deshago de las escaleras que me trenzan a tu horca
Cuerpo a cuerpo
             ajena a las horas por vivir
                       a contra cara de un mazo virgen
de espaldas a esa copa que dilapida santuarios
disimulo otra sonrisa
                      mueca en el recodo de tu frente

Me resisto a tu oscuridad
y es un mugido lento
           ese beso que no llega nunca

un ejercicio sin jugar
               a contramuro del ocaso   

  
setenta veces siete
“mi corazón repleto de modales
que no puede quererte”
Alejandro Schmidt
 En una cornisa
                      
                         mi beso

incapaz de saltar hasta tu nombre

abrazo a destiempo

No hay ayer
            todo se sucede
como la muerte
          o la vida que nos ciega

Nuestros dedos desenhebran relojes
pero algo sigue en pie
                                 inevitable
      No es la tormenta

Por eso damos paso a las uvas
       para que el exilio del presente nos ampute los ojos

El miedo sólo puede ser barranca al miedo

Quien pueda
                       que grite el nombre de la lástima
que el silencio abra sus piernas
y en plena muerte
               la tarde nos vista de luto

Ya no hay abajo detrás de nosotros
No hay media vida

Que no triangule la noche
            con la escoria de mi cuerpo

la humedad de las cornisas

No hubo un instante para las manos
apenas un rumor de peldaños indecisos
         en el oficio que encontramos

Era el nombre de la soledad que jamás renunciaríamos
una función criminal a nuestro alcance
el deseo de pasarle la lengua a los filos
y movernos lentos entre la sombra y la inocencia

No era difícil dilatarnos hacia el declive de la noche
ser palomas extendidas entre sus muñecas muertas
pegar la espalda contra los muros del deseo
y no desear
         o desear demasiado
como una forma violenta de la quietud o el equilibrio

Por eso hoy
que he besado los perfiles de la lluvia
saco mi saber de los armarios

Voy a contrabandear con la muerte
                                         mis pecados
y no cobraré más
                     que un retazo de memoria

XIV

Mirá vos
nos estamos muriendo de esperar

Y creemos ser los mismos
con las manos afónicas
y el alma/alba
         en un puño de callar siempre

Hagamos un pacto de puñales

Los salmos aguardan
                     
                            Y mis racimos

          y tus ángeles


vamos a besarnos de papel

a roernos las palabras
las encías
que la sangre de las líneas fluya
que nos emborrache
que seamos una sola sábana
o versopiel
más allá del poema o la lujuria

Vamos con boca a lengua ajena
a desbesarnos
a arrancarnos los corpiños
        lo más temible
               lo mejor de cada uno


no me quiero bañar

El agua me arranca de tu cuerpo / no tan suave /
ni tan lento como tu lengua arrasando mis costillas//
Me viola los espacios prendidos a tus ojos ///
Una voz de tango resuena atrás de los relámpagos
que lamen la barranca // El agua me lame //
Tus manos se derriten en mis senos /
Las acompaño con espuma hasta las rodillas quebradas /
que ayer / fueron súbditos
de un tirano que latigó saliva y perros //
Todo es negro / como el orgasmo en el que caigo sin querer // 
Y sin patena caigo / hostia de tus manos //
Pero no hay milagro / La espuma y tu cuerpo
se van por la rejilla // Resbala tu mirada de mi boca /
tu lengua interminable de mi ombligo / tus dedos de mi piel muerta de frío ahora / muerta de miedo /
pura sed de roca y tigre // y la sábana se hace tundra //

El agua me está huyendo / se envuelve en grito /
aquieta mi cabello erizado de palabras ///
Bebo un sorbo que termina de enmudecer tu sabor
a vino y sed / musgo y espejo //
Vuelvo a ser rata / aunque seas vos
el que repta por las cañerías y se hace túnel río mar /
cada vez más rápido / cada vez más lejos / cada vez más viento y más pasado //
Mientras / yo / me seco lentamente /
y busco a ver si ha quedado algo de tu color /
tal vez en las axilas / entre los dedos de los pies //
Me miro en el espejo // Estoy tan blanca de vos ///

Es el día uno de la espera /
es el día uno de la sed y los trapecios //
Habrá que gestar equilibrios / pernoctar pájaro //
Me recorro con miedo de agujas el escote / el cuello //
Nada //
Me barro la boca de tu boca /
las sienes de toda fotografía sepia
que no conduzca hasta esos ojos /
donde el agua no penetra /
y vos / me seguís besando

***
   
En vos duerme mi herida


                                         Y tus ojos me señalan


la elegía del cobarde

Amatista contra fuego ciega giralunas
Danza el gato sobre el escote negro de aquel crucifijo
Bajo las mantas en cuclillas  
                     otro cántaro intenta desbebernos
y tras el péndulo de aquella catedral
                    no soy sino siendo como fui
de espinas inacabadas y fuego entre los dientes
         -falacia de viento es este axioma-
 En voladizo duerme el pecado
        pero no hay pecado que no sepa nuestros nombres

Por eso
             cóncava de ayer
voy a inundar de escarcha y vodka las represas
Es hora de sangrías y de ecos

La piedra babea contra el musgo adormecido
      es fuego hasta eclipse
                            matriz en giba
peso terco o beso que no acaba
        demasiado yugo harto de caricias
apenas un poco

Porque no se trata de besar el cuello del poeta
     un Rimbaud negro de mareas y desiertos
                     infiel a la noche y de ella esclavo
      hielo en fuga o selva de maíz
      vértigo de tejas y todo
                                     palabra que se astilla
un grito en la sábana herida de silencio

Por eso circunvalo su soledad
El junco apenas moja sus pies
                                  en otra muerte prematura

No creo en diccionarios
          que intenten explicar de la palabra sus vestidos
Ya no a medias
                  no a pico despertar si así se vive
                                                         entre vino y zócalos

Abandonemos los escudos a partir del agua
Basta ya de esa boca
    que habita noches inmersas en cartílagos de azúcar
de tantas mentiras en las manos
         mientras intentás derribar las puertas al miedo
                                         con flechas amputadas

El guerrero ha abierto su armadura
Los ojos se oxidan
           si a orilla del barranco la inocencia se desploma
y en ella caeré para siempre sin designio de semilla

Es así:
            a pura escarcha se levantan los conjuros
un aquelarre de entrepiernas
                    bajo el grito de la soledad más sola
esa que compartimos con silencio de campanas en luto
con la culpa entre los dientes
con la sangre que se retira de tan roja
                                        
                                ¡y haber sido apenas pájaro!

Por eso te lo regalo
envuelto en escorpiones para que lo cargues vos
                                                               sobre tu espalda
te lo vomito como a una indigestión de caviar
                                                     en la boca del hambre
te lo entrego
                   libre
                       sin mella o latigazo al tiempo de la huída
te lo abraso al sol
            para blanquear su noche de vírgenes y tablas

Puedo darme ese lujo
                                  Dame tu mano
mi corazón es éste
                             y mi secreto:
“el báculo de la lámpara se inclina a la penumbra”

Es que él me juega con las mismas armas
como una rana o un gusano de fronteras
espina arista o miel de ébano
               hacia la profundidad que habita salamandras

Hay sarcasmo de piedras en los nudillos que se acaban
algo de tu perfil que repta sobre mi tablero de alfiles
caballo a dama este juego donde la muerte se avecina

Dientes de chacales
                               besan su lengua porfiada de adioses
enredada a la horca para no morir
                                              cuando de morir se trata

Es de noche
Abracemos la bufanda del frío
desvistamos de badajos los campanarios
    y dejemos a los búfalos beber la sangre de los tigres

porque dos hormigas hartas ya de tumbas
                salen a beber la madrugada
mientras un sol enorme trepa los muslos de la selva
y confluye en velo de mujer alimentada a viento

Yo
        cargo miedo de montañas ante un dios dormido
Cerremos la noche
               feliz de muerte al regocijo desnudo
No hará falta luna ni amanecer
porque breve
           como el ala negra de un número sobre la cábala
así las pestañas y el temor de la hoja virgen
Imprecisa
como habernos besado después de hora
       y no permitirnos
                 ni el recuerdo de los márgenes

Así lo pronuncio
          con la violencia del silencio
Así me ofusco

y por qué no morderlo fruta o piedra
a mansalva
hacerme llaga de limón
          un pubis de sangre verde
                       capaz de ahorcar las piernas de la tarde

Así morimos
             de pura belleza jamás besada
porque no hay ternura en el deseo

El sol pasa de largo
            la noche esquiva

y ella no duerme
                 caerá
                           en fuga irremediable
como la muerte de una orquídea
     sobre su cuello virgen

de la alegoría

Si quedáramos fuera de esta moral
                                   descalabrada por un beso
recorrerían tus esclavos la costa de mis vértebras
y caeríamos
                   de a poco
como en un desfile de piezas de ajedrez
               que morirán en tablas

Sería indecente el grito del cuervo sobre Palas
Lentas y llanas nuestras manos
          podrían deletrear el borde de una lágrima
pero no seríamos capaces de enfrentarnos

Ahora
        que los muertos reclaman su bocas desdentadas
las lápidas son fetiches
                  a las que podemos aferrarnos sin reparo

No vaciles
                    no me hagas luz

Mi mirada está manca

y este juego de jugarnos a ciegas
           como dos gallos
ya no reconoce nuestras manos


tres razones


Hablar de muerte
de nucas al olvido

Hablar de muerte
de tifones
de piedras al estanque

Hablar de muerte

y no nombrarte

cuarto

A veces me dejo abrazar por la sombra
lloro cementerios
           y arranco de cuajo
los cinco crisantemos que te crecen en la frente

A veces
         te perforo los tímpanos
con tanto silencio
que el mundo todo
          cae por su ojo

A veces
        dejo las ventanas abiertas

pero siempre cuando es tarde

tras la puerta


Un hombre
mi otra mujer oscura de distancias

aquellos labios ajenos

y por qué no
obscena
la vida por vivir

Ésa
la que nos da miedo



con los pies en la tierra


complicidad

Es el fuego
a quien no deja de mirar
y es oscuro
          como el vientre de un jabalí    
                              
No hay límites afuera

El nido aun borda sus ojos
pero la madre arroja al instinto
                 de las alas de la costumbre

Las nubes están ciegas
           y despliegan su castidad

capear al sol

Siempre es grito caminar por las aristas
               herida el contrapeso de esa burla
que intenta borrar su rostro
                   de las palabras que escribe

Huele a moho
a rutina de manteles blancos
la burla
               o ella
que sabe tender su piel en una soga
y poco a poco
       perder en la oración
                    la herida de sus piernas

Pero no hay olvido
si el hedor a hembra es madre
si la cría aun está tibia
                  entre los dientes de otra fiera

Todavía lactan sus pechos
todavía es ella
                    antes de la parición o el llanto

Por eso roe el infinito
se inocula de pasado
perdura

No morirá
      ni vivirá la voz que la costumbre calla

Sólo sombra sin cuerpo
            toda deseo en su cubil
con la insistencia de una flor
                        en su sarcófago de agua


ella ya no me habita

Cuando sus ojos
          -tobogán a los infiernos-
escaparon de su espalda cansada de congojas
quiso morir para nacer de nuevo
                      al sueño de ese verano aun por acontecer

No sabía ella de caer ni puentes
tampoco del fuego
             capaz de ahogar miradas o veredas
Por eso no cupo en su cárcel
la culpa de besar dedos de acróbata

Por eso
-marioneta apocalíptica en la tibieza de sus hombros-
ahogó los hilos
             que quisieron habitar sus escaleras de pájaros

Burda en su infancia
ahogó sus manos abiertas al sol y a la caricia

Ella
        que había sido risa de roldanas y de siestas
que era inmensa                         
                            ya no pudo
aquella noche de cordura y sábanas inmaculadas
                       dejarse conducir hasta su boca

En un báculo bendijeron su tristeza
y de tan puro
        aquel grito enmudeció badajos

No lloró
                 (había muerto tanto tiempo antes)


en el celo de la tarde

La mujer estatua
           arquea sus senos
                       a favor de la hierba

Mientras los miro abrir sus bocas al deseo
             y no saciarlo
-cómplices del simulacro-
los esposos no hablan de otra cosa

que los niños
         los impuestos
                     que tu madre
que la plaza cubierta de musgo

hamacas y lujuria

Mirá tu lengua de azúcar
mis ojos café

Un desayuno es más que un beso parco
o de pan y manteca disfrazar el deseo

Demasiada cordura almidona las manos
Impenetrable   
la saciedad busca soborno

pero hay tanto miedo a enfrentarnos
tanto de no querer crecer
y decidirlo

Veo a la sombra invadir la pena
que lloran los balcones

Un cáliz demasiado virgen para rozarnos
orgasma nuestra muerte entre sus dedos

sauce hacia el oriente

Ese árbol
nublado de hijos y de viento
acalla caminos de calandrias en la penumbra

Temeroso de bandadas
amputa la soberbia del ocaso

Es yerro en el horizonte del equilibrio
extendido almanaque
donde el nido de la noche tiembla

Ese árbol de seis brazos se sostiene
a pesar de mí
que no voy a echar frutos

No sea cosa que sembrando celajes
sea gestado mi séptimo hueso
y el tiempo se haga carne
por qué no verbo y redención

Aquel sauce repite orillas
y me da tanta pena verme así
con cuerpo de hoja


entre almohadas de lino

Cuando aparece la lluvia de antes
                           ese ser que fui
cuando una gota era éxtasis
                      y encontrarnos de nuevo
cuando el acantilado no era borde
sino un dios partido
                 y en cuatro patas
clamando libertad para sus huesos

Cuando descubrí en esa hoguera
                                       y no otra
el tiempo del espasmo y nomeolvides
no era yo
            inconclusa de tu mirada
más que otra forma estéril
         aun sin mí
                  sin vos para pensarnos

Y fue entonces cuando robamos el cáliz
                                 para gritar por fin
que nos hallábamos forasteros en la muerte
para ser dioses
               y también para ser hombres
     desnudos
                 completamente libres

Pero no fuimos capaces

Hoy
     un ataúd que nos queda a la medida
es báculo y balanza

Por eso llueve con los ojos vendados 
             y volvemos al principio
demasiado dispuestos ya
                           a la costumbre


***

Hay un silencio que me habita
         parido a la intemperie de las hojas
un grito como dentellada de perro
                 en la arista de la noche        

Hoy
        no puedo con mi cuerpo
me ajusticia

El pan es un sol
    que se acurruca en mi garganta
       para vendar al grito que el agua
                                   no puede lamer

La música se jacta de un rostro
     que es mío    
             y ya no reconozco

Ajena de las horas y las palmas
             alzo mi cuerpo primitivo
a través de todos los milenios

La voz de la congoja
        deleita a los chacales con mi muerte


morder la arena

Pesa el pecado
consume las manos
     que se hacen lentas al abrazo y la caricia

Aun así seguimos seduciendo a la costumbre
y a puro golpe
     nos arrancamos la pereza de la piel

No hay otra sed ni otro epitafio
         que pueda esperarnos detrás de los andenes

Ninguna fuga de mí misma
                está tallada con tu nombre

celos de cielo

Tu amor se va por las alturas
besa pájaros de sol
Te me vas
con dos arrugas al borde de esos ojos
                que han dejado de mirarme

Me quedo mordiendo alacranes
                     de satén negro herida

Como el acantilado te peligro
te raspo las rodillas apenas de pasado
me infecto de sonrisas
       
No me creés
                      no te creo
y lloramos

Lloremos entonces
pero hagamos el amor
            con los pies en la tierra


punto de no retorno bajo el agua

El agua estira sus formas
                     hacia la tristeza de la tarde

Voy a mentirte

y decir que la boca de la asfixia   

                   ya no es tu nombre

que puedo sola de dolerme tanto


Bajo las acacias descubro que no hubo tiempo
y el que disfrazamos quedó mustio

Encuentro tu cadera 

             en abanico hacia mi ombligo

pero en él no estoy

            ni estaré jamás

 

No es otra muerte
                     ni es la misma

sólo que en ésta
            los relojes nos desnudaron sin habernos visto

Ebrios de arena y de poesía
        hamacamos espolones contra el cielo

Ya no importa si testigos
si vas a encontrarme en una página
o salir de mis brazos

No hay dictados
                  ni emblemas

Encontrarnos
            y sabemos muertos
por dejar a un costado
                       el aliento de la savia


ayer de cuentos

Puentes a tu boca
boca ráfaga
                 innata de ternura
Un beso ahorcado del equilibrio
           bajo el árbol del desierto

Esa tarde
mis ojos inmensos
          ante el amarillo de tu cansancio
juntaron silencio de dedales y pimienta

Por eso pinto tus manos roncas
                           detrás de un delantal
por eso no puedo trasnocharte
ni arrastrar tus pies hasta mi almohada

para no morir

El cielo agrisado de la memoria
resume una y otra vez
                       el mismo juego

Ajena a tu reloj
que se bandea hacia el ayer
abrocho el pasado a la costumbre

Hay aroma a pochoclo y soledad
y me gusta tenerte así:
            desde la inmovilidad de la foto
ser cintura
            temblor
darte paso entre mis dedos

Cierro el simulacro de tu piel
 la mía entre las copas
          para volver a tu resurrección
en cada plegaria

me amortajo al tiempo de quererte

Tu piel de pronto fue pasado
como los días en que la luna bañada de pimienta
extirpaba a la noche sus senos tibios

Ya no hubo risa capaz de despertar
esas viejas espaldas de calesita inconmovible

Te beso con maña de anillo
como si nada
       entre la sal   tu vientre y la cocina

La última palabra transita un lugar de confesión
No hay ataúd que no se quiebre

y Dios
            que se ríe de nosotros


rutina
                                                                 “ella clava los gestos”
                                                                         M. Sampaolessi

Los puños se clavan a las sábanas
la boca mordida
su queja apenas diente

Él sabe amarla
                      muda
ella no sabe

Enciende la luz frente al espejo
Para salvarse
           se pinta los ojos
masturba su imagen
se abre toda rouge y sangre
                en una sola mueca

Ellos se aman así
en silencio de noche
         a pura lágrima

contra la pared en fuga

No acaricia otra noche que sus ojos

no escapa
         ni de ella ni el instante

Renace
llora puñaladas
            no obedece luna alguna

Se recorre sola
penitente

Enciende eternidad
  su ombligo descalzo de mujer

ojos rimmel

Su vientre espina pájaros
bajo los brazos de la lluvia

Él recorre su aridez
la envuelve hasta hacerla trapo
paloma y tanto beso

Ella llora entre faroles
pero obedece
           se somete a su antojo

pubis esclavo
bajo su lengua de bronce

adicta a su herida

la noche avanza
con su tatuaje de ébano en los ojos

para que despierte
para no morir
sacude
            de la sábana al sol
sus puños de acíbar

de las rejas

La mañana no quiere alzarse del bostezo

Persiste la resaca del amor
     -una cuchilla que dibujó fronteras entre los muslos-

Llueve un agujero en el alma de Dios

La quiere niña
              virgen otra vez para sostenerle los ojos

para que la abrigue de su eternidad
          del cansancio de seguir a tientas
                                                         buscándola

cuestión de perspectivas

De costado a saberte
tus ojos de piedras y melaza
de frente la memoria
                que apedrea el pecado

de atrás
de perfil a tu sombra

de cara a la noche
       como si desde abajo
           pudiésemos empezar de nuevo

el abc de la sangre

Titila la esfinge
 en una mueca inútil

Como navaja a punto de herir la arena
los cuerpos se derriten
                entre saliva y pentagramas

Se desgarran los dientes en cortinas de lluvia

Ya no hay veredas que recorrer

El instinto hace huella en el silencio

Descabezado el sexo
                 esculpe noches para nadie

sin crimen el cielo

Hoy embargaron al sol

Desnuda de su boca
ruge interminable mi espalda alfiletera
          
Por eso
         ante sus ojos de perfil
                     anudo la venganza
y ciega de relámpagos
        emigro de mi sombra

Hay una bendición que tal vez me habilite
       -su piel está sucia-
                                     Beso sus ángulos

me sobrepongo
                   y a destajo
                                comienzo a llover

noche de viernes

Las manos del escriba enmudecen
El presente apesta
                                 rancio

Se hacen cuerpo las mareas en las crines de la noche
Desbocadas
                     se abren las lenguas del vino

Soledad pide a gritos a gritos ser anclada
                                     al coliseo de nuevos ojos pardos

Gime Jim entre dientes
Ya no puede la lluvia trepar los peldaños a su espalda

Estalla en las pestañas el dolor de los duraznos

Los cinco tambores de su ombligo
          no se apagarán hasta ser uno
                              sobre la arena del silencio

 los vampiros mueren de tanta eternidad

Entre avenidas y dictados
su cuerpo extranjero
 transita a habitar el día

No hay enjambre posible
capaz de ser arteria y miel
detrás de las columnas

Hacia el exilio solo de las manos
se abren -vírgenes de noche-
las ortigas
 y es tanta la crueldad
 que la palabra se hace repudio hasta su boca

El tiempo de la lentitud no atreve a pronunciarse

(quizás de pura muerte)

Quizás por si algún pétalo
germina marioneta de la sangre

del agua y de la sombra


Partida y deshecha
                      mi mitad más cuerda
alimento ese perfil que dejó de habitarme

Quiero ir hacia los ojos y la infancia

Llena de mí
ya no dejaré escapar a la que soy
 
abrazo de agua sobre el vidrio


Después de infinitas tardes
el ayer entró

Vos y yo
antes de ser
como siempre
fuimos

el himen intacto




CONTRATAPA



Es fundamentalmente fiel a su voz. (…) la dimensión erótica intenta exorcizar el pecado original en la dimensión que el miedo, expresado por el yo, encierra.
(sobre Los Andamiajes del Miedo)
Luis María Sobrón

Una presencia poética femenina diferente de las que yo conocía, una mujer poeta rotunda, totalmente mujer, asumida plenamente como tal y valiente a la hora de mostrar su visión del mundo y no la visión establecida.
(sobre Los Andamiajes del Miedo)
Pedro Leguizamón

El poema se construye paso a paso con una seguridad rítmica y vivencial que obliga a una lectura voraz. Pocos libros logran eso hoy en día. (…) yo no dudaría en dar a leerlo en las escuelas, si es que alguna vez queremos de verdad que algo suceda. Debemos reconocer con Predieri una poeta absoluta.
(sobre Invierta un Hijo)
Rodolfo Álvarez

Predieri es una poeta laboriosa. (…) de las que saben por qué y para qué.
(sobre Invierta un Hijo)
Luis Benítez

Porque es honesta y circular. No es común, no por difícil sino por estricta vigilancia, hallar Marcelas en la coherencia de la palabra y de las manos, ante el riesgo que significa el mascarón de proa de los límites.
(sobre La Pancarta)
Américo Álvarez

  
El elemento marino es una excusa para intensas retrospecciones. (…) muestra una lírica fuerte y un lenguaje poético trabajado que toca los grandes temas de siempre y de hoy.
(sobre Sangre de Amarras)
Diario La Capital

El significado es un resplandor fugaz detrás de las experiencias de vida (…) Constituye un buen ejemplo de cómo un libro es una máquina que funciona más allá de la lectura del autor. (…) manifiesta la dimensión social de la poesía (…) pero encierra otras capas, otros matices y otros sentidos igualmente intensos: el grito que produce el dolor del mundo, pero también el juego, la indagación de la subjetividad y el trabajo de la imagen.
(sobre La Pancarta)
Enrique Blanchard